Antón Chéjov - En La Oscuridad

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  • 7/23/2019 Antn Chjov - En La Oscuridad

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    ANTON CHEJOV

    EN LA OSCURIDAD

    Una mosca de mediano tamao se meti en la nariz del consejero suplenteGaguin. Aunque se hubiera metido all por curiosidad, por atolondramiento o a

    causa de la oscuridad, lo cierto es que la nariz no toler la presencia de uncuerpo extrao y dio muestras de estornudar. Gaguin estornud tanruidosamente y tan fuerte que la cama se estremeci y los resortes, alarmados,gimieron. La esposa de Gaguin, Mara Michailovna, una rubia regordeta yrobusta, se estremeci tambin y se despert. Mir en la oscuridad, suspir y sevolvi del otro lado. A los cinco minutos se dio otra vuelta, apret los prpados,pero no concili el sueo. Despus de varias vueltas y suspiros se incorpor,pas por encima de su marido, se calz las zapatillas y se fue a la ventana.Fuera de la casa, la oscuridad era completa. No se distinguan ms que lassiluetas de los rboles y los tejados negros de las granjas. Hacia oriente haba

    una leve palidez, pero unas masas de nubes se aprestaban a cubrir esta zonaplida. En el ambiente, tranquilo y envuelto en la bruma, reinaba el silencio. Yhasta permaneca silencioso el sereno, a quien se paga para que rompa con elruido de su chuzo el silencio de la noche, y el estertor de la negreta, nicovoltil silvestre que no rehuye la vecindad de los veraneantes de la capital.Fue Mara Michailovna quien rompi el silencio. De pie, junto a la ventana,mirando hacia fuera, lanz de pronto un grito. Le haba parecido que unasombra, que proceda del arriate, en el que se destaca un lamo deshojado, sediriga hacia la casa. Al principio crey que era una vaca o un caballo, pero,despus de restregarse los ojos, distingui claramente los contornos de un ser

    humano. Luego le pareci que la sombra se aproximaba a la ventana de lacocina y, despus de detenerse unos instantes, al parecer por indecisin, ponael pie sobre la cornisa y... desapareca en el hueco negro de la ventana. "Unladrn!", se dijo como en un relmpago, y una palidez mortal se extiende por surostro. En un instante su imaginacin le reprodujo el cuadro que tanto temenlos veraneantes: un ladrn se desliza en la cocina, de la cocina al comedor..., enel aparador est la vajilla de plata..., ms all el dormitorio..., un hacha..., losrostros de unos bandidos..., las joyas... Le flaquearon las piernas y sinti unescalofro en la espalda.-Vasia!-exclam zarandeando a su marido-. -Vasili Pracovich! Dios mo, est

    roque! Despierta, Vasili, te lo suplico!-Qu ocurre?-balbucea el consejero suplente, aspirando aire profundamente y

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    emitiendo un ruido con las mandbulas.-Despirtate, en el nombre del cielo! Un ladrn ha entrado en la cocina! Yoestaba junto a la vidriera y he visto que alguien saltaba por la ventana. De lacocina ir al comedor..., las cucharas estn en el aparador! Vasili! Lo mismosucedi el ao pasado en casa de Mavra.

    -Qu pasa? Quin... es?-Dios mo! No oye... Pero, comprende, pedazo de tronco... Acabo de ver a unhombre entrar en nuestra cocina. Pelagia tendr miedo y...la vasija de plata esten el aparador!-Majaderas!-Vasili, eres insoportable! Te digo que hay un ladrn en casa y t duermes yroncas. Qu es lo que quieres? Qu nos roben y nos degellen?El consejero suplente se incorpor lentamente y se sent en la cama bostezandoruidosamente.-Dios mo, qu seres!-gru-. Es que ni de noche me puedes dejar en paz? Nose despierta a uno por estas tonteras!-Te lo juro, Vasili; he visto a un hombre entrar por la ventana.-Y qu? Que entre... Ser, seguramente, el bombero de Pelagia que viene averla.-Cmo? Qu dices?-Digo que es el bombero de Pelagia que viene a verla.-Eso es peor an!-grit Mara Michailovna-. Eso es peor que si fuera un ladrn!Nunca tolerar en mi casa semejante cinismo.-Vaya una virtud!... No permitir ese cinismo... Pero qu es el cinismo? Porqu emplear a tontas y a locas palabras extranjeras? Es una costumbreinmemorial, querida ma, consagrada por la tradicin, que el bombero vaya avisitar a las cocineras.-No, Vasili! T no me conoces! No puedo admitir la idea de que, en mi casa,una cosa semejante..., semejante... Vete en seguida a la cocina a decirle que sevaya! Pero ahora mismo! Y maana yo dir a Pelagia que no tenga el descarode comportarse as. Cuando me muera puedes tolerar en tu casa el cinismo,pero ahora no lo permito. Vete all!-Dios mo!...-gru Gaguin con fastidio-. Veamos, reflexiona en tu cerebro demujer, tu cerebro microscpico: por qu voy a ir all?-Vasili, que me desmayo!Gaguin escupi con desdn, se calz sus zapatillas, escupi otra vez y se dirigia la cocina. Estaba tan oscuro como en un barril tapado, y tuvo que andar atientas. De paso busc a ciegas la puerta de la alcoba de los nios y despert a laniera.-Vasilia-le dijo-, cogiste ayer mi bata para limpiarla. Dnde est?-Se la he dado a Pelagia para que la limpie, seor.-Qu desorden! Cogis las cosas y no las volvis a poner en su sitio. Ahoratengo que andar por la casa sin bata.Al entrar en la cocina se dirigi al rincn donde dorma la cocinera sobre elarca, debajo de las cacerolas...-Pelagia!-grit, buscando a tientas sus hombros para sacudirla-. Eh, Pelagia!

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    Deja de representar esta comedia! Si no duermes! Quin acaba de entrar porla ventana?-Eh? Por la ventana! Y quin va a entrar por la ventana?-Mira, no me andes con cuentos. Dile a tu bribn que se vaya a otra parte. Meoyes? No se le ha perdido nada por aqu.

    -Pero me quiere hacer perder la cabeza, seor? Vamos!... Me cree tonta? Mepaso todo el santo da trabajando, corro de un lado para otro, sin parar ni unmomento, y ahora me sale con esas historias. Gano cuatro rublos al mes..., tieneuna que pagarse su azcar y su t, y con la nica cosa con que se me honra escon palabras como sas...He trabajado en casa de comerciantes y nunca metrataron de una manera tan baja!-Bueno, bueno... No hay por qu gritar tanto... Qu se largue tu palurdoinmediatamente! Me oyes?-Es vergonzoso, seor-dice Pelagia, con voz llorosa-. Unos seores cultos... ynobles, y no comprendan que tal vez unos desgraciados y miserables comonosotros...-se ech a llorar-. No tienen por qu decirnos cosas ofensivas. No haynadie que nos defienda.-Bueno, basta!... A m djame en paz! Es la seora quien me manda aqu. Porm puede entrar el mismo diablo por la ventana, si te gusta. me tiene sincuidado!Por este interrogatorio ya no le quedaba al consejero ms que reconocer que sehaba equivocado y volver junto a su esposa. Pero tiene fro y se acuerda de subata.-Escucha, Pelagia-le dice-. Cogiste mi bata para limpiarla. Dnde est?-Ay, seor, perdneme! Me olvid de ponerla de nuevo en la silla. Est colgadaaqu en un clavo, junto a la estufa.Gaguin, a tientas, busca la bata alrededor de la estufa, se la pone y se dirigi sinhacer ruido al dormitorio.Mara Michailovna se haba acostado despus de irse su marido y se puso aesperarle. Estuvo tranquila durante dos o tres minutos, pero en seguidacomenz a torturarla la inquietud."Cunto tarda en volver!-piensa-. Menos mal si es ese... cnico, pero y si es unladrn?"Y en su imaginacin se pinta una nueva escena: su marido entra en la cocinaoscura..., un golpe de maza..., muere sin proferir un grito..., un charco desangre... Transcurrieron cinco minutos, cinco y medio, seis... Un sudor fro perlsu frente.-Vasili!-grit con voz estridente-. Vasili!-Qu sucede? Por qu gritas? Estoy aqu...-le contest la voz de su marido, altiempo que oa sus pasos-. Te estn matando acaso?Se acerc y se sent en el borde de la cama.-No haba nadie-dice-. Estabas ofuscada... Puedes estar tranquila, la estpida dePelagia es tan virtuosa como su ama. Lo que eres t es una miedosa..., una!...Y el consejero se puso a provocar a su mujer. Estaba desvelado y ya no tenasueo.-Lo que t eres es una miedosa!-se burla de ella-. Maana vete a ver al doctor

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    para que te cure esas alucinaciones. Eres una psicpata!-Huele a brea-dice su mujer-. A brea o... a algo as como a cebolla..., a sopa decoles.-S... Hay algo que huele mal... No tengo sueo! Voy a encender la buja...Dnde estn las cerillas? Te voy a ensear la fotografa del procurador de la

    audiencia. Ayer se despidi de nosotros y nos regal una foto a cada uno, consu autgrafo.Rasp un fsforo en la pared y encendi la buja. Pero antes de que hubiesedado un solo paso para buscar la fotografa, detrs de l reson un gritoestridente, desgarrador. Se volvi y se encontr con que su mujer le mira congran asombro, espanto y clera...-Has cogido la bata en la cocina?-le pregunt palideciendo.-Por qu?-Mrate al espejo!El consejero suplente se mir en el espejo y lanz un grito fenomenal. Sobre sushombros penda, en vez de su bata, un capote de bombero. Cmo ha podidoser? Mientras intenta resolver este problema, su mujer vea en su imaginacinuna nueva escena, espantosa, imposible: la oscuridad, el silencio, susurro depalabras, etc. Qu pasa entre Gaguin y la cocinera? Mara Michailovna darienda suelta a su imaginacin.