Cuentos, Canciones y Poemas Mirta Karp

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Canciones para niños. Cuentos para niños y para adultos. Relatos de vida.

Text of Cuentos, Canciones y Poemas Mirta Karp

CUENTOS, CANCIONES Y POEMAS DE MIRTA KARP________________________________________________________

- MMXII -

POR MAS CURSI Y TRILLADO QUE SUENE, EL AMOR ES LO UNICO QUE LE QUITA EL SIN SENTIDO PROFUNDO A LA VIDA HOY ES EL MAANA QUE TANTO ME PREOCUPABA AYER

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SIN TIEMPOCuento de Mirta Karp - Febrero 2012

Es la hora de la siesta. Sergio y yo estamos sentados en los grandes y cmodos sillones de la recepcin del sencillo pero muy acogedor hotel. Afuera sopla una suave brisa que no deja sentir el agobio de un sol demasiado radiante. A pesar de lo claro y soleado del da, hay en la gran habitacin una atmsfera de penumbra, originada por la escasa iluminacin y por los cortinados cerrados que intentando dar una sensacin de mayor frescura, contribuyen a crear una atmsfera casi misteriosa, es ms, podra decirse casi tenebrosa. . ., con los muebles antiguos y oscuros . . . y los cuadros con retratos que seguramente pertenecen a antepasados de los dueos del hotel. No estamos solos. Hay otras pocas personas, algunos tomando algn refresco, otros algn caf y conversando relajadamente en pequeos grupos, frente al gran televisor del saln, que todos miramos sin prestarle demasiada atencin. De todos modos se percibe; como sucede en todos estos lugares de playas apartadas y en circunstancias como stas; cierto clima de mutua y curiosa observacin por todo y por todos los que nos rodean; y que por supuesto intenta ser elegantemente disimulada. En realidad acabamos de levantarnos luego de haber descansado un rato. Sergio logr dormir profundamente, aunque yo simplemente descans a su lado. Es nuestro primer da de vacaciones y estoy absolutamente feliz! Todava sentimos en nuestra piel y en nuestra mente la maravillosa sensacin que nos deja el haber pasado una maana de sol caminando a la orilla del mar, percibiendo la delicada caricia de las desfallecientes olas en nuestros pies, mientras se nos hunden suavemente en la arena tibia y fresca al mismo tiempo y el haber ms tarde, disfrutado de un frugal aunque delicioso almuerzo. Junto a la barra del saln hay dos hombres conversando entre s y con la que parece ser la encargada del lugar, pero integrndonos tambin a nosotros con sus miradas y con sus gestos, a la charla. Las voces se oyen suaves y tranquilas. Casi como un susurro. Tambin cerca nuestro estn sentados un matrimonio de mediana edad con su hijo, un nio de cerca de diez aos.

De pronto, en la puerta-ventana trasera del saln, que da a un gran patio con jardn y por donde se va a las habitaciones privadas, aparece mam, caminando lentamente y con cara de haberse despertado en ese momento de su siesta. Est de buen talante y con ganas de integrarse al grupo. Me acerco a ella y elige sentarse junto a los ventanales y a la puerta, en uno de los sillones donde estn tambin otras personas que ajenas a todo tipo de charla, miran simplemente televisin. Mam siente un poco de fro. A su edad es comn sentirse destemplada; porque en realidad fro no hace, y me dice que quiere ir a su habitacin a buscarse un chalequito. Le pregunto si quiere que la acompae pero se niega: - No. . .no. . . voy sola, enseguida vuelvo! Al ratito regresa con un chalequito sobre los hombros. Yo vuelvo a acercarme a ella, la beso en la mejilla y tomndola del brazo le sugiero que se siente ms cerca nuestro, en el centro del saln y ms alejada de las corrientes de aire que hay cerca de los ventanales. -No, no, no! A m dejame sentarme donde yo quiero! me contesta con tono bastante impaciente, mientras se vuelve a sentar donde se haba ubicado antes. El matrimonio que est sentado cerca nuestro observa la situacin y la seora, sonriendo me comenta en voz baja: - Bueno. . . parece que tiene su carcter! A lo que yo le respondo, con otra sonrisa: -Si la ven as ahora, imagnense cmo era cuando estaba viva!

FIN

ACEPTACINCuento de Mirta KarpCreo que por fin lo tengo todo claro. Nunca quise lastimar a nadie, y menos a vos. . . .Simplemente quise ser. . . algo ms. . . No slo lo que soy. Y . . . no es por desvalorizarte, ni por rechazarte, ni por subestimarte. . . pero siempre cre que para lograrlo . . . era mejor estar . . . solo. No sentirse atado a nada . . . a nadie. Y as poder . . . madurar. . ., poder crecer . . ., poder volar. . . !!!! Si!! Aunque mi vuelo fuera corto. . . ! Pero. . . intentar abrir mis alas . . . y tratar de volar. . .!! . . . Volar. . .!!! . . . Me comprends?!!!. . . Simplemente eso. . .!!! Y vos sabs muy bien, que a m no me importaban ni nuestros orgenes distintos, ni la diferencia de color entre nosotros . . . ni nada!!! No tena que ver con vos. . ., sino conmigo, con mis sueos, entends?! . . . Simplemente con mis sueos. . . Hasta que de pronto. . . , un da. . ., sin saber cmo ni por qu. . ., me quebr!!! Si! . . . Me quebr!! Y de golpe. . . todo fue una locura. . . un torbellino. . . una tormenta irrefrenable . . ., donde las sensaciones . . . , las densidades de los fluidos de nuestros cuerpos y nuestras almas, se entremezclaban ms y ms . . . hasta hacerse uno solo!! Y entonces . . . al fin, . . . comprend. . . ! Comprend y acept que mi destino era ser simplemente una . . .omelette!

FIN

EL NIO Y EL BOSQUECuento para nios de Mirta Karp Joaqun era el ms pequeo de los tres hijos de una familia que tambin integraban el pap, la mam y la abuelita Josefina. Vivan en una casa muy sencilla de un pequeo pueblo ubicado en una zona muy hermosa, rodeada de colinas y cercana a un amplio lago, donde su padre y sus amigos, acostumbraban a ir de pesca. Entre el lago y las colinas haba un gran bosque, lleno de inmensos rboles y hermosas plantas con hojas que cambiaban de color segn la poca del ao. Joaqun tena slo cinco aos, pero era muy vivaz y todo a su alrededor le resultaba interesante. Lo fascinaba especialmente todo lo relacionado con el bosque y poda pasar horas mirando las flores, o los rboles, o escuchando el canto de los pajaritos que vivan en lo alto de sus ramas, o se quedaba largo tiempo viendo a los bichitos que encontraba por el suelo. Todo ese mundo le era muy querido y hasta un poco misterioso. Los domingos eran los das en que los amantes de la pesca se reunan para ir al lago y a Joaqun le encantaba acompaar a su padre, que era un experto pescador, tratando l mismo de pescar algo y tambin escuchando con atencin los temas que comentaban los mayores, que generalmente le parecan interesantsimos. Siempre volvan con las cestas llenas de pescados que tan exquisitamente preparaba la abuela Josefina y que todos coman y disfrutaban en la mesa familiar. Y luego de una buena siesta, a eso de la media tarde, prcticamente todo el pueblo sala de sus casas para reunirse y compartir las ltimas horas del domingo. Lo hacan en el bosque cercano al pueblo, donde pasaban momentos muy felices, pues casi todos los habitantes del lugar se conocan y eran amigos. Es que el bosque era verdaderamente muy bello y Joaqun lo amaba particularmente. Iba muy a menudo a juntar todo tipo de ramitas, hojas y le encantaba sentarse bajo alguno de los rboles a tocar su armnica, instrumento que le gustaba mucho, y le pareca que el canto de los pjaros le hacan coro. Pero en uno de esos domingos en que fue con su padre y sus amigos a pescar, escuch que comentaban con preocupacin cmo estaban avanzando grupos de hombres malos que daaban a los bosques, destruyendo los rboles. Este tema preocup mucho a Joaqun, que durante varios das estuvo pensando en qu poda hacer para que no se destruyera el bosque. Hasta que un da tom una decisin: Con mis ahorros comprar semillas de diferentes rboles y los plantar bien dentro del bosque para que nadie los pueda destruir. As fue que un da se intern mucho en el bosquecillo y cuando termin de plantar sus semillas en diferentes lugares, que consideraba bien protegidos, se senta tan

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contento y orgulloso, que pens en comentarles a sus amiguitos y hermanos que hicieran lo mismo. De pronto se dio cuenta que en poco tiempo comenzara a oscurecer y al notar que no poda reconocer el sendero por el que haba venido; porque todo el suelo estaba cubierto de hojas y ramas; se asust. Y al asustarse por no saber cmo volver a su casa, Joaqun comenz a llorar. El viento, que siempre suele pasearse entre los rboles de los bosques, escuch el llanto de un nio, pero no se daba cuenta de qu lugar provena ese llanto. Hasta que not que unos rboles muy altos, abran sus ramas como para que pudiera ver entre ellas, y los pjaros que vivan en esas ramas, con su canto tambin parecan intentar sealarle al viento, el lugar donde estaba sentado el nio llorando. Los rboles eran amigos del viento, y le contaron, en un tono tan bajo que Joaqun no pudo escuchar, de las buenas intenciones del nio para conservar y proteger al bosque. El viento qued muy impresionado al conocer el buen corazn de Joaqun y decidi ayudarlo. Comenz a soplar cada vez con un poco ms de fuerza, especialmente a la altura del suelo, y as las hojas y las ramas que cubran el sendero por donde el pequeo haba venido, se iban volando suavemente dejando de este modo al descubierto el camino que Joaqun solito no haba podido encontrar. El viento, que evidentemente saba hablar, le dijo a Joaqun dulcemente: Joaqun no llores ms, ahora podrs encontrar el camino a tu casa, porque as como t tratas de ayudar a los rboles, tambin ellos me pidieron ayuda para ti. Y estoy seguro que si decidimos cuidarnos entre todos, como has hecho t, podremos vivir mucho ms y mucho mejor, verdad? A lo que Joaqun asinti con una enorme sonrisa de alegra. Y de ese modo y muy feliz, recorri cantando con los pjaros, el camino de regreso a su hogar, no sin antes prometer a sus amigos, los rboles, que regresara con todos los nios del pueblo a seguir plantando semillas en el hermoso bosque.

FIN

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CANCIONES INFANTILES de Mirta Karp

1.A MI CABALLITO LE CRECIERON ALAS Y EN BELLO PEGASO L SE TRANSFORM NO S SI CABALGO