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ScrdeM 183 Palabras clave: mariología, exhortación Verbum Domini, Benedicto XVI. Resumen: la presencia de la Santísima Virgen es de gran importancia en la Exhortación Postsinodal Verbum Domini no sólo por la abundancia de alusiones que se hacen a Ella, sino también y especialmente por su incisividad teológica. Nuestra Señora es presentada por Benedicto XVI como aquélla en quien se ha dado una perfecta “reciprocidad entre Palabra de Dios y fe”. En este contexto, el Papa pide que se ayude “a los fieles a descubrir de una manera más perfecta el vínculo entre María de Nazaret y la escucha creyente de la Palabra divina”, y exhorta “a los estudiosos a que profundicen más la relación entre mariología y teología de la Palabra”. Se recoge así cuanto sugirieron los Padres sinodales al hablar de la relación existente entre la Virgen y la Palabra de Dios; se hace más sistemático y se le da una más acabada presentación teológica. THE MARIAN DIMENSION OF THE APOSTOLIC EXHORTATION VERBUM DOMINI KEY WORDS: mariology, exhortation Verbum Domini, Benedict XVI. SUMMARY: The Blessed Virgin is present in a very important way in the post synodal exhortation, Verbum Domini, not just through the many references to Her, but also –and most particularly– because of its theological acuteness. Our Lady is presented by Benedict XVI as she in whom there was a perfect “reciprocity between the Word of God and faith”. It was in this context that the Pope appealed for “the faithful to be helped to discover, ever more perfectly, the link between Mary of Nazareth and the credulous attention paid to the Divine Word”. The Pope encouraged the studious “to deepen their knowledge of the relationship between Mariology and theology of the Word”. In this way, we bring together what the synodal fathers had to say when discussing the relationship that exists between the Virgin and the Word of God; it is presented in a more systematic manner. DIMENSIÓN MARIANA DE LA EXHORTACIÓN APOSTÓLICA VERBUM DOMINI LUCAS F. MATEO-SECO

Dimensión mariana de la Exhortación apostólica Verbum … · Palabras clave: mariología, exhortación Verbum Domini, Benedicto XVI. Resumen: la presencia de la Santísima Virgen

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Palabras clave: mariología, exhortación Verbum Domini, Benedicto XVI.

Resumen: la presencia de la Santísima Virgen es de gran importancia en la Exhortación Postsinodal Verbum Domini no sólo por la abundancia de alusiones que se hacen a Ella, sino también y especialmente por su incisividad teológica. Nuestra Señora es presentada por Benedicto XVI como aquélla en quien se ha dado una perfecta “reciprocidad entre Palabra de Dios y fe”. En este contexto, el Papa pide que se ayude “a los fieles a descubrir de una manera más perfecta el vínculo entre María de Nazaret y la escucha creyente de la Palabra divina”, y exhorta “a los estudiosos a que profundicen más la relación entre mariología y teología de la Palabra”. Se recoge así cuanto sugirieron los Padres sinodales al hablar de la relación existente entre la Virgen y la Palabra de Dios; se hace más sistemático y se le da una más acabada presentación teológica.

THE MARIAN DIMENSION OF THE APOSTOLIC EXHORTATION VERBUM DOMINI

KEY WORDS: mariology, exhortation Verbum Domini, Benedict XVI.

SUMMARY: The Blessed Virgin is present in a very important way in the post synodal exhortation, Verbum Domini, not just through the many references to

Her, but also –and most particularly– because of its theological acuteness. Our Lady

is presented by Benedict XVI as she in whom there was a perfect “reciprocity between

the Word of God and faith”. It was in this context that the Pope appealed for

“the faithful to be helped to discover, ever more perfectly, the link between Mary of

Nazareth and the credulous attention paid to the Divine Word”. The Pope encouraged

the studious “to deepen their knowledge of the relationship between Mariology and

theology of the Word”. In this way, we bring together what the synodal fathers had

to say when discussing the relationship that exists between the Virgin and the Word

of God; it is presented in a more systematic manner.

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El día 30 de septiembre del 2010 se hacía pública la Exhortación postsinodal Verbum Domini, que recoge los trabajos realizados en la XII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos; la Asamblea tuvo como tema de estudio “La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia”. En las Proposiciones finales presentadas a Su Santidad como material para una posible exhortación apostólica, destacaba la presencia de la Virgen y así lo hice notar en un estudio reciente1.

Esta presencia es también de gran importancia en la Exhortación Verbum

Domini no sólo por la abundancia de alusiones a la Santísima Virgen, sino también –y especialmente– por su incisividad teológica. Nuestra Señora es presentada por Benedicto XVI como aquélla en quien se ha dado una perfecta “reciprocidad entre Palabra de Dios y fe”2. En este contexto, el Papa pide que se ayude “a los fieles a descubrir de una manera más perfecta el vínculo entre María de Nazaret y la escucha creyente de la Palabra divina”, y exhorta “a los estudiosos a que profundicen más la relación entre mariología y teología de la Palabra”3. Se recoge así cuanto sugirieron los Padres sinodales al hablar de la relación existente entre la Virgen y la Palabra de Dios; se hace más sistemático y se le da una más acabada presentación teológica.

Las proposiciones del Sínodo

La figura de la Virgen es evocada por vez primera en la proposición cuarta, al tratar de la dimensión dialógica de la Revelación. Precisamente porque la Revelación es un diálogo de Dios con el hombre, la “acogida” de la palabra es de gran importancia, pues pertenece a la esencia del diálogo

1. L. F. Mateo Seco, “La Virgen y la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia”, Estudios

Marianos 76 (2010), 33-44. Sobre este mismo tema cfr. también, J. L. Cabria Ortega, “Virgo audiens. María, oyente de la Palabra de Dios”, Burgense 50 (2009), 183-260.

2. Benedicto XVI, Exhortación Postsinodal Verbum Domini, 30-IX-2010, n. 27.3. Ibidem.

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Nacimiento de Jesús. Autor: Juan de Borgoña. Museo Diocesano de Cuenca.

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la aceptación y la respuesta; la acogida forma parte del diálogo. En este contexto, santa María es presentada como ejemplo de la perfecta acogida de la Palabra de Dios en una doble dimensión: como acogida personal y obediente a la fe y como arquetipo de la fe de la Iglesia: “María, Madre de Jesús –subraya el Sínodo–, personifica esta obediencia de la fe de modo ejemplar; Ella es también el arquetipo de la fe de la Iglesia que escucha y acoge la Palabra de Dios”.

La proposición 21, dedicada a la Palabra de Dios y las pequeñas comunidades, recomienda la formación de pequeñas comunidades eclesiales en las que se escuche, se estudie y se rece con la Palabra de Dios, también en la forma del Rosario como meditación bíblica. La recomendación es lógica, pues se trata de acercar a los fieles la lectura y la comprensión de la Palabra de Dios; el Sínodo recomienda el rezo del Rosario como un camino seguro y accesible para profundizar, desde el corazón de la Madre, en los misterios de la vida del Hijo.

La proposición 22 es una exhortación a acercarse a la Sagrada Escritura con una “lectura orante y asidua” de modo que el “diálogo” con Dios se haga realidad cotidiana. Por esta razón, continúa, es importante que la “lectura orante” del pueblo esté unida a la lectura orante de María y a la de los santos en cuanto “realizadores de la Palabra de Dios según el Espíritu”. La sugerencia es de gran importancia, y ha sido recogida ampliamente por el Papa, que ha tomado como clave de la Exhortación la dimensión dialógica de la Revelación. En este contexto, santa María y los santos, precisamente por su santidad y por su docilidad a la Palabra, son presentados como un buen ejemplo de lectura ‘creyente’ de la Sagrada Escritura. Se invita, pues, a permanecer unidos a santa María en la lectura que Ella hizo de la Escritura, dejándose poseer por el Espíritu como Ella se dejó poseer. Dicho de otro modo: se trata de leer la Sagrada Escritura en sintonía con la lectura que hace la Virgen, en una oración hecha con el espíritu de María y en una total disposición, como Ella estuvo siempre, para poner en práctica esa lectura “según el Espíritu”.

La última proposición lleva como título Maria Mater Dei et Mater fidei. Benedicto XVI utilizará esta misma expresión para encabezar el apartado más importante dedicado a la Virgen. La proposición es una hermosa

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síntesis de las diversas perspectivas en que puede situarse el tema de María en relación con la Palabra de Dios en la Iglesia y también lo es este apartado de la Exhortación. He aquí los rasgos fundamentales de la última propuesta de los Padres sinodales:

“El Sínodo (...) mira a María, Madre del Verbo encarnado que con su fiat a la palabra de la Alianza y a su misión cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad, es decir, la llamada al diálogo con Dios que incluye no sólo la llamada que interpela, sino también la respuesta.

La Iglesia del Nuevo Testamento vive allí donde la palabra de Dios es acogida, amada y servida con disponibilidad total al Espíritu Santo. Vive, por lo tanto, de modo pleno en santa María, que acoge la Palabra con fe y se desarrolla en el amor con el que acompaña el crecimiento y la misión del Verbo encarnado. Bajo la cruz del Hijo, la fe y el amor se convierten en la esperanza con la que María acepta convertirse en la Madre del discípulo amado y de la humanidad redimida.

La atención devota y amorosa a la figura de María como modelo y arquetipo de la fe de la Iglesia es de importancia capital para realizar hoy un cambio concreto de paradigma en la relación de la Iglesia con la Palabra, tanto en la disposición de escucha orante como en la generosidad con la que se compromete en la misión y el anuncio. Se trata, pues, de una lectura hecha en la oración, en la obediencia y en la disposición generosa al servicio de la misión de la Iglesia”.

La perspectiva en que se sitúa el Sínodo corresponde a cuanto dicen las teorías hermenéuticas contemporáneas sobre el texto literario como texto que se convierte en vida al ser leído, y a cuya lectura aporta el lector su situación en el mundo y en la historia, su experiencia, su capacidad de comprensión. La Revelación surge del deseo divino de comunicar su intimidad a los hombres: al igual que la Alianza de la que forma parte, la Revelación es una iniciativa divina que está pidiendo respuesta.

Este planteamiento encuentra su realización plena en santa María. Toda la vida de la Virgen es acogida de la Palabra, obediencia, aceptación, generosidad en el compromiso con tal perfección que puede decirse que en su “acogida” encuentra pleno sentido el hecho de la Revelación: en la Virgen se cumple plenamente el deseo de Dios y en Ella se cumple también perfectamente “la vocación divina de la humanidad”. La Palabra da fruto en Ella, que se convierte no sólo en ejemplo de cómo hay que leer la

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Escritura cuyo centro es Cristo, sino también en el lugar más apropiado en el que profundizar en la Palabra. La Virgen es modelo de “lectora de la Escritura”, porque enseña al creyente el modo más conveniente de leerla, entre otras razones, porque supo decir prontamente el fiat que esa Palabra le pedía y supo mantener ese fiat operativo durante toda su vida, incluso en las duras horas del Calvario. El Concilio Vaticano II ha destacado con frases llenas de consecuencias teológicas el hecho de que la Virgen, al aceptar la palabra de Dios, concibe y entrega a los hombres

Circuncisión de Jesús. Autor: Juan de Begoña.

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la Palabra eterna del Padre; antes que en su carne, Ella ha concebido a Cristo con su fe4.

Estas sugerencias del Sínodo han sido recogidas en la Exhortación

Apostólica, especialmente en dos apartados de gran importancia teológica: Maria “Mater Verbi Dei” y “Mater fidei” (nn. 27-28) y Maria “Mater Verbi” y

“Mater laetitiae” (n. 124).

Retorno de Egipto. Autor: Juan de Borgoña.

4. Cfr. Conc. Vaticano II, Const. Lumen gentium, nn. 53 y 56.

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El planteamiento general de Verbum Domini

Como ya se ha hecho notar, Verbum Domini está centrada en la consideración dialógica de la Revelación, es decir, en que la Revelación forma parte del designio del Dios de la Alianza: establecer una comunión de conocimiento y amor con el hombre. El esquema de Verbum Domini es lineal y, en él, las alusiones a santa María no sólo se engarzan “con toda naturalidad”, sino que están pedidas por cuanto se viene diciendo; sin ellas el Documento estaría incompleto. No es posible hablar de la Palabra de Dios y de su presencia en la Iglesia sin hablar de quien la acogió con docilidad, la engendró, y fue su mejor discípula; sin hablar de Aquélla que es paradigma de la fe de la Iglesia.

Ya en el n. 5 de la Exhortación, el Papa avanza que se propone “presentar y profundizar los resultados del Sínodo en referencia constante al Prólogo del

Evangelio de San Juan (Jn 1,1-18)”, es decir, el Papa advierte que va a centrar su enseñanza en Cristo como Palabra de Dios, y que va a tratar cuanto se refiere a esa Palabra en una cristología descendente, como ya hiciera de Cirilo de Alejandría, y como hizo el Concilio de Éfeso (a. 431)5. El punto clave de esa visión cristológica es la encarnación del Verbo: Y el Verbo se hizo

carne (Jn 1,14) como iniciativa de Dios Padre. Emerge así poderosamente la figura de la Madre: la Palabra Eterna del Padre se ha hecho carne en las entrañas de la Madre.

La encarnación nada ha restado al Verbo en su carácter de Palabra y expresión de Dios Padre. La iniciativa siempre es del Padre: El Padre, que ha hablado a los hombres de muchas maneras (cfr. Hb 1,1-4), ha hablado de modo especial y pleno, en Cristo, el Verbo hecho hombre verdaderamente –como es verdadera la maternidad de santa María–6.

Cuando hablamos, pues, de la Palabra de Dios, puntualiza el Papa, es necesario entender esta expresión de modo análogo, precisamente porque Dios habla de muchas maneras a los hombres: habla a través de la creación, a través de los profetas, a través de su Hijo, a través de la Palabra custodiada en la Iglesia (n. 7):

5. Cfr. L. F. Mateo-Seco, “La Maternidad divina de María. La lección de Éfeso”, Estudios

Marianos 64 (1998), 269-291.6. “Esta misma Palabra, afirma san Juan, se ‘hizo carne’ (Jn 1, 14), por tanto Jesucristo, nacido de

María Virgen, es el Verbo de Dios que se hizo consustancial a nosotros” (Verbum Domini, n. 7).

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“La Palabra eterna, que se expresa en la creación y se comunica en la historia de la salvación, en Cristo se ha convertido en un hombre “nacido de una mujer” (Ga 4,4). La Palabra aquí no se expresa principalmente en un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús. Su historia única y singular es la palabra definitiva que Dios dice a la humanidad”7.

Esa “historia única y singular” es el culmen de la Revelación de Dios. Nadie como santa María ha estado identificado con esa Persona y con esa historia; nadie ha estado ni está tan cerca de ella. Por dos veces insiste san Lucas en que María “guardaba en su corazón”, ponderándolas, palabras y acontecimientos de la vida de Jesús (cfr. Lc 2,19 y 51). Más aún, esa “historia” ha comenzado en Ella, tiene en Ella su origen, su primer desarrollo humano y su nacimiento. Una vez más se impone volver los ojos al misterio de la Anunciación y al “fiat” con que la Doncella, movida por el Espíritu Santo, acepta la Palabra de Dios y, con la obediencia de la fe, se entrega totalmente al plan de salvación que cuenta como parte esencial con su Maternidad.

Benedicto XVI dedica un apartado especial a hablar de la Palabra de Dios y la misión del Espíritu Santo, tan estrechamente ligada con la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura, recuerda el Papa, nos indica la presencia del Espíritu Santo en la historia de la salvación y, en particular, en la vida de Jesús, a quien la Virgen María concibió por obra del mismo Espíritu Santo (cfr. Mt 18,1; Lc 1,35); es el mismo Espíritu el que desciende sobre los Doce reunidos en oración con María el día de Pentecostés (cfr. Hch 2, 1-4) y el que les anima a anunciar la Buena Nueva. Es el mismo Espíritu el que guía a la Iglesia en su comprensión de la Palabra Dios. La relación del Espíritu y María –entre otras cosas, por su santidad inmaculada– resulta aquí de suma importancia.

La división de la Exhortación resulta sobria y lógica: una primera parte en la que se trata de la iniciativa de Dios al comunicarse a los hombres, de la importancia de la respuesta del hombre a Dios que habla y, en consecuencia, de la importancia de la hermenéutica de la sagrada Escritura en cuanto comprensión de la Palabra; una segunda parte en la que se trata de la Palabra de Dios en la Iglesia y se presenta la liturgia como lugar privilegiado de la Palabra de Dios, y una tercera parte dedicada al anuncio de la Palabra de Dios en el mundo como misión de la Iglesia.

7. Verbum Domini, n. 11.

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Con la mirada puesta en santa María

La Revelación es una interpelación de Dios al hombre que espera una acogida, una respuesta que, lógicamente, forma parte de ese diálogo. En este contexto, resulta natural dirigir el pensamiento hacia santa María en quien la iniciativa del Dios de la Alianza ha encontrado siempre una

Sagrada Familia. Autor: Juan de Borgoña.

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total acogida, y exhortar a mirar hacia Ella como modelo de contemplación de la Escritura:

“Es necesario mirar donde la reciprocidad entre Palabra de Dios y fe se ha cumplido plenamente, o sea en María Virgen, que con su sí a la Palabra de la Alianza y a su misión, cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad. La realidad humana, creada por medio del Verbo, encuentra su figura perfecta precisamente en la fe obediente de María. Ella, desde la Anunciación hasta Pentecostés, se nos presenta como mujer enteramente disponible a la voluntad de Dios (...) Virgen a la escucha, vive plenamente en sintonía con la Palabra divina; conserva en su corazón los acontecimientos de su Hijo, componiéndolos como en un mosaico (cfr. Lc 2,19 y 51)”8.

Considerada desde la perspectiva de la historia, la fiel acogida de la Palabra por parte de la Virgen cumple “plenamente la vocación divina de la humanidad”; en Ella, la humanidad acoge la Palabra de modo que no se puede decir que la iniciativa del Dios de la Alianza haya quedado frustrada: en Nuestra Señora tiene lugar en forma perfecta y plena el diálogo que Dios en su eternidad ha querido establecer con la humanidad; en santa María, además, se cumple con toda plenitud la vocación de la humanidad a entrar en diálogo de conocimiento y de amor con Dios Trino.

El fiat de la Virgen al mensaje del Ángel con el que acepta la encarnación del Verbo estuvo acompañado a lo largo de toda la vida de la Virgen por una entrega constante y sin la más mínima vacilación. Por esta razón, la lectura cristiana de la Sagrada Escritura debe tener una esencial dimensión mariana, es decir, debe estar hecha en unión con santa María y teniendo presente cómo Ella se ha dejado llevar por el Espíritu a la hora de recibir la palabra de Dios, de contemplarla, de ponerla por obra.

La importancia de cuanto se viene diciendo queda patente, si se tiene en cuenta que el contenido de la Escritura es Cristo, mejor dicho, el misterio de Cristo y de su vida. Nadie mejor para conocer el corazón del Hijo que el corazón de la Madre. De aquí que santa María, con su fidelidad y su silencio, sea para la Iglesia exégesis viviente del Evangelio, el mejor camino

8. Verbum Domini, n. 27.

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para acceder al conocimiento de los sentimientos del Corazón de Cristo y, en consecuencia, el mejor camino para entender la Escritura. De ahí la exhortación del Papa a que se profundice en la relación entre mariología y teología de la Palabra. Las frases del Papa son de una gran claridad y belleza:

“Su fe obediente plasma cada instante de su existencia según la iniciativa de Dios. Virgen a la escucha, vive en plena sintonía con la Palabra divina; conserva en su corazón los acontecimientos de su Hijo, componiéndolos como en un único mosaico (cfr. Lc 2,19 y 51). Es necesario ayudar a los fieles a descubrir de una manera más perfecta el vínculo entre María de Nazaret y la escucha creyente de la Palabra divina. Exhorto también a los estudiosos a que profundicen más la relación entre mariología y teología de la Palabra.

De esto se beneficiarán tanto la vida espiritual como los estudios teológicos y bíblicos. Efectivamente, todo lo que la inteligencia de la fe ha tratado con relación a María se encuentra en el centro más íntimo de la verdad cristiana”9.

La maternidad de santa María sobre Cristo y sobre todos los hombres forma parte esencial de la vida de la Iglesia; ella se encuentra “en el centro más íntimo de la verdad cristiana”.

María y la Iglesia

Entre la Virgen y la Iglesia existe una estrechísima relación como ya puso de relieve Pablo VI en su proclamación de santa María como Madre de la Iglesia10. Al tratar el tema de la Virgen y la Palabra de Dios, esta relación se refleja de muchas maneras: santa María “oyente de la Palabra” es figura de la Iglesia, que también debe vivir “a la escucha de la Palabra de Dios”; con su obediencia, santa María es también símbolo “de la apertura a Dios y a

9. Verbum Dei, n. 2710. “La divina maternidad es el fundamento de su especial relación con Cristo y de su presencia

en la economía de la salvación operada por Cristo, y también constituye el fundamento principal de la relaciones de María con la Iglesia, por ser Madre de Aquel que desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal se constituyó en cabeza de su Cuerpo místico, que es la Iglesia. María, pues, como Madre de Cristo, es Madre también de los fieles y de todos los pastores, es decir, de la Iglesia” (Pablo VI, María, Madre de la Iglesia,

Discurso 21-IX-1964).

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los demás”, de esa “escucha activa”, que hace vida propia la Palabra de Dios poniéndola por obra11. La atención amorosa a santa María es pues, concluye el Papa, “de importancia capital para realizar también hoy un cambio concreto de paradigma en la relación de la Iglesia con la Palabra, tanto en la actitud de escucha orante, como en la generosidad del compromiso en la misión y el anuncio”12.

Benedicto XVI está tocando aquí una cuestión capital en la vida de la Iglesia, pues la Iglesia vive de la Palabra y tiene como misión anunciar la Palabra; es en la Iglesia donde la hermenéutica de la Palabra encuentra su lugar originario. Ahora bien “el vínculo intrínseco entre Palabra y fe muestra que la auténtica hermenéutica de la Sagrada Escritura sólo es posible en la fe eclesial, que tiene su paradigma en el sí de María”13; de ahí que haya pedido que la lectura de la Biblia tenga siempre delante la actitud de la Virgen.

La “familiaridad” con la Palabra de Dios

El Papa continúa llamando la atención sobre un hecho ya advertido por los exegetas y que él mismo ha tratado en la Encíclica Deus caritas est, n. 41: el Magnificat como manifestación de cómo es el alma de la Virgen. El Magnificat,

en el que se desborda el alma orante y agradecida de santa María, está entretejido con frases de la Sagrada Escritura con las que la Virgen se identifica mostrando, además, una gran familiaridad con ella, proveniente de su meditación asidua del Antiguo Testamento:

“Deseo llamar la atención sobre la familiaridad de María con la Palabra de Dios. Esto resplandece con particular brillo en el Magnificat. En cierto sentido, aquí se ve cómo ella se identifica con la Palabra, entra en ella; en este maravilloso cántico de fe, la Virgen alaba al Señor con su misma Palabra. El Magnificat –un retrato de su alma, por decirlo así– está completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios. Así se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia

11. Verbum Domini, n. 27.12. Verbum Domini, n. 28.13. Verbum Domini, n. 29.

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casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. Así se pone de manifiesto, además, que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en Madre de la Palabra encarnada”14.

La actitud de la Virgen al pronunciar el Magnificat es presentada aquí como paradigma de la vida y de la predicación de la Iglesia: la Iglesia ha de seguir el ejemplo de santa María con una contemplación tan intensa de la Palabra, que le permita alcanzar una “familiaridad” tan estrecha como para predicar a los hombres la Palabra de Dios con la misma Palabra de Dios, hacer ‘suya’ la Palabra de Dios, dejarse poseer por ella. Se trata de alcanzar esa ‘sintonía’ con la Palabra de Dios que hace que el pensamiento de la Iglesia sea pensamiento de Dios y que su querer sea querer de Dios.

Benedicto XVI termina el párrafo volviendo a la importancia del fiat pronunciado por santa María y a la consideración de que, como enseña el Concilio Vaticano II, Ella “aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús, y abrazando la voluntad salvífica de Dios con generoso corazón y sin impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente a sí misma, cual esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo”15. La frase del Papa es de gran importancia y plantea todo un camino de vida cristiana iluminado por la asidua meditación de la Palabra de Dios: el hecho de estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios ha hecho posible que santa María se convirtiese en Madre de la Palabra.

Tocamos aquí el papel “transformador” que lleva consigo la Palabra de Dios. Se trata de una “transformación” imprescindible en la vida de los individuos y de las comunidades. La Madre de Dios, identificada con la Palabra y pronunciando su fiat se dejó transformar totalmente por ella, con plena lucidez y libertad; su fiat es buena muestra de que “el obrar de Dios en el mundo implica siempre nuestra libertad, porque en la fe, la Palabra divina nos transforma”16.

14. Verbum Domini, n. 28. 15. Cnc. Vaticano II, Const. Lumen gentium (21-IX-1964), n. 56. 16. Verbum Domini, n. 28.

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La Palabra tiene fuerza en sí misma; ilumina la inteligencia y transforma el corazón. El Papa concluye señalando que este poder de la Palabra puede también dar ahora fruto en nosotros; que “lo que le sucedió a María puede sucedernos ahora a cualquiera de nosotros en la escucha de la Palabra y en la celebración de los sacramentos”17.

Virgen a la escucha

Su Santidad califica la actitud de la Virgen hacia la Escritura como “escucha activa”, es decir, escucha que pone esfuerzo en dejarse transformar por la Palabra, en identificarse con ella, en ponerla por obra en el servicio de todos los hombres. Pablo VI no ha dudado en apuntar a esta actitud de María con respecto a la Palabra como “premisa y camino” para la Maternidad divina: “María es la “Virgen oyente”, que acoge con fe la palabra de Dios: fe, que para ella fue premisa y camino hacia la Maternidad divina”18.

Como señala Jean Leclerq19, con frecuencia la iconografía religiosa ha representado a la Virgen leyendo. Numerosos cuadros de la Anunciación la representan así: de rodillas y leyendo un libro, como si el ángel viniera a ratificar y a dar cumplimiento de lo que está leyendo. La Virgen está leyendo las profecías. El mensaje del libro –las profecías– prepara el mensaje del ángel y, a su vez, el mensaje del ángel esclarece y hace realidad el contenido del libro. En la oración –y en la vida– de santa María, “oyente de la Palabra”, se unen la profecía y su cumplimiento. Lo que Ella guarda y contempla con su corazón son las profecías escritas y los acontecimientos que las cumplen. Puede decirse también que ‘el libro’ que María lee es el misterio de Jesús: en Cristo se contiene y sintetiza toda la historia de la salvación. Él es la Verdad completa y la plenitud de la Revelación. Desde el anuncio del Ángel, María puede palpar con especial clarividencia que

17. Verbum Domini, n. 28.18. Pablo VI, Exhortación Apostólica Marialis cultus (2-II-1974), n. 17.19. Consideraciones monásticas sobre Cristo en la Edad Media, Bilbao 1999, 43-56. Estas páginas

son un capítulo verdaderamente sugerente para este tema. Tiene este elocuente título: María a la lectura de Cristo.

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la Revelación de Dios está hecha de gestos y de palabras, de actuaciones salvadoras, de anuncio y de cumplimiento. Ella medita la vida de Jesús a la luz de las Escrituras y contempla las Escrituras a la luz de la vida de Jesús.

San Jerónimo inauguró una exégesis de Lc 2,18-19 (la adoración de los pastores en el portal de Belén) que ha seguido toda la tradición posterior. Los pastores llegan al portal narrando el anuncio de los ángeles, y todos los que lo oyeron se maravillaron de cuanto los pastores

les habían dicho. Y apostilla san Lucas: María guardaba todas estas cosas,

ponderándolas, en su corazón. El texto latino dice: Maria autem conservabat

omnia verba haec conferens in corde suo, traduciendo el verbo symballo con el verbo confero, ponderar, relacionar unos acontecimientos con otros. Comenta san Jerónimo:

“¿Qué quiere decir este conferens? [San Lucas] debió decir “poniéndolas en su corazón”; debió decir “las consideraba en su corazón y las apuntaba para sí misma”. Pero se dice “conferens in corde suo”, porque era santa, leía las santas Escrituras y conocía a los profetas. Recordaba que el ángel Gabriel le había dicho aquellas cosas que ya estaban dichas en los profetas. Veía con éstos, comparándolos (conferens) en su corazón, si se cumplía aquello de El

Espíritu santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra; por

esta razón, lo santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios (Lc 1,35). Esto es lo que le dijo Gabriel; lo había predicho Isaías: He aquí que una virgen

concebirá y dará a luz (Is 7,14). Esto lo había leído; aquello lo había oído. Veía al niño reclinado; veía al niño llorando en el pesebre, veía yaciendo al Hijo de Dios, su hijo, el único hijo. Veía al que yacía y comparaba las cosas que había oído y que había leído con las cosas que estaba viendo. Ella comparaba en su corazón; contemplemos también nosotros en nuestro corazón que hoy nace Cristo”20.

Este texto de san Jerónimo es una hermosa meditación navideña, en la que se destaca la meditación de la Sagrada Escritura que hace santa María mientras reclina al Niño en el pesebre y lo ve llorar y dormir. María compara lo que ha leído en los profetas, especialmente en Isaías, con lo que le ha dicho el ángel, con lo que está viendo –el Niño que duerme en el pesebre–, y con lo que oye a los pastores. La consideración de santa María relaciona

20. San Jerónimo, In Nativitate Domini, CCL 78, 526-527.

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en una maravillosa unidad los hechos y las palabras en los que se realiza la revelación divina (cfr. Conc. Vaticano II, Const. Dei Verbum, n. 2); une también –y esto es de gran importancia en la exégesis– el Antiguo y el Nuevo Testamento. En la contemplación de la Virgen se unen la profecía y su cumplimiento.

En la noche santa del Nacimiento, la Madre une el recuerdo y la presencia. La fina penetración psicológica de san Jerónimo nos ofrece una visión muy verosímil de la adoración de los pastores, que ha llamado la atención de la tradición latina, especialmente de la tradición monástica medieval21.

Aristide Serra ha estudiado recientemente este pasaje Lc 2,8-20 prestando especial atención a la figura de santa María22 y a la de los pastores23. Con respecto a la importancia de la frase de Lc 2,19 referida a la meditación de la Virgen, escribe:

“La disposición reflexiva de María se inició ciertamente en los días en que ella acogió en su seno al Hijo de Dios, lo dio a luz y lo educó a lo largo de las etapas de la evolución de su crecimiento. Sin embargo, la Madre de Jesús perseveraba en su meditación también después de que el Hijo resucitó de entre los muertos. Es legítimo pensar que en el seno de la comunidad de Jerusalén (Hch 1,14) ella estaba atenta a la predicación de los pastores de la Iglesia, los apóstoles (Hch 2,42). Acogiendo aquel mensaje centrado sobre la Pascua, María –iluminada también por el Espíritu (Hch 1,14; 2,1-4)– pudo alcanzar la comprensión plena del misterio de la encarnación, que había aceptado al pronunciar su fiat. Uniendo el conjunto de los acontecimientos referentes al Hijo, poniéndolos en relación uno con otro (Lc 2,19b), alcanzaba a descubrir la íntima coherencia y la sabia armonía subyacente al designio divino de la historia de la salvación. Después, transmitiendo a la Iglesia

21. Cfr. L. F. Mateo-Seco, “La Virgen y la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia”, cit., 36-41.22. Cfr. A. Serra, “Sapienza e contemplazione di Maria secondo Luca 2, 19.51b”, Marianum,

Roma 1982, 176-258, y en la voz ‘Biblia’ en el Nuevo Diccionario de Mariología, Paoline, Cinisello-Balsamo, 1985, 252-261. Cfr. también Maria secondo il Vangelo, Queriniana, Brescia 1987.

23. A. Serra, “I Pastori al Presepio. Riflessioni su Lc 2, 8-20 alla luce dell’antica tradizione giudaico-cristiana”, Marianum 54 (1992). Este trabajo está después recogida en A. Serra, Nato da Donna. Ricerche bibliche su Maria di Nazaret (1989-1992), CENS, Marianum 1992.

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los tesoros de su contemplación sapiencial, la santa Virgen se convertía en testigo de las “cosas grandes” realizadas en ella por el Señor en beneficio de todo su pueblo”24.

La presencia de santa María a tantos hechos de la vida de Nuestro Señor, desde su nacimiento hasta su muerte y la meditación amorosa de estos acontecimientos relacionándolos entre sí la convierten en testigo de suma importancia para la primera Iglesia. He aquí cómo lo subraya Aristide Serra:

“Se puede afirmar que las consideraciones elaboradas en torno a Lc 2,19 convergen todas en este punto. La Iglesia apostólica (en la persona de sus pastores) tomó conciencia de que María era un trámite obligado para llegar a conocer los albores de la encarnación. Solamente ella tuvo una experiencia directa de aquellos hechos y los recordó asiduamente hasta conseguir la plena inteligencia de los mismos, gracias sobre todo a la revelación pascual”25.

En el Cenáculo de Jerusalén, María vuelve la mirada a los entrañables recuerdos del Nacimiento de Jesús considerándolos desde la Resurrección del Señor, y considera la Resurrección –también profecía y cumplimiento– desde lo acontecido aquella noche santa del Nacimiento; Ella da testimonio en la Iglesia de unos hechos –especialmente los que se refieren a la infancia de Jesús– largamente meditados e iluminados con la luz del Espíritu Santo y los acontecimientos pascuales. Santa María, pues, forma parte de esa historia revelada, que le afecta en lo más íntimo de su maternidad.

María, lectora de la Escritura y también libro abierto

Precisamente por el modo perfecto y pleno con que la Virgen aprende de Cristo –lee a Cristo– ella misma se convierte en libro abierto en el que cada uno encuentra a Cristo. La discreción, pero también la luz con que santa María es presentada en la Escritura, es de hecho una palabra de Dios dirigida

24. A. Serra, Nato da Donna, cit., 95. Sobre este asunto, cfr. también S. Muñoz Iglesias, Los

Evangelios de la Infancia III, BAC, Madrid 1987, esp. 155-156; R. Laurentin, I Vangeli

dell’infanzia di Cristo. La verità del Natale al di là dei miti. Esegesi e semiotica. Storicità e teología,

Paoline, Cinisello-Balsamo, 1985, 520-521 (Ed. francesa, Les Évangiles de l’Enfance du Christ: verité de Natale au delá des mythes, Desclée de Brouwer, París 1983).

25. A. Serra, Nuevo Diccionario de Mariología, cit., 333.

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a los hombres sobre el modo en que conviene leer la Escritura. Por esta razón Ella no sólo es lectrix, sino también liber, libro.

Por su maternidad divina, la Virgen María está implicada en toda la historia de la salvación hasta el punto de que esta historia no sería la misma sin Ella. La Madre de Jesús es ofrecida a la “lectura” del género humano como un libro que habla fielmente de Cristo, del corazón del Padre, del papel de la Madre en la historia de la salvación, de cómo se debe acoger la Palabra de Dios. María es un espejo fiel en el que se refleja Cristo.

En un apartado titulado “Palabra de Dios y oración mariana”, Benedicto XVI subraya la importancia que tiene tratar a santa María para una identificación con la Palabra de Dios:

“Al recordar la relación inseparable Palabra de Dios y María de Nazaret, junto con los Padres sinodales, invito a promover entre los fieles, sobre todo en la vida familiar, las plegarias marianas como una ayuda para meditar los santos misterios narrados por la Escritura. Un medio de gran utilidad, por ejemplo, es el rezo personal y comunitario del santo Rosario, que recorre junto a María los misterios de la vida de Cristo.

El Sínodo, además, ha recomendado promover entre los fieles el rezo del Angelus Domini. Es una oración sencilla y profunda que nos permite rememorar cotidianamente el misterio del Verbo Encarnado (...).

Merecen también ser conocidas, estimadas y difundidas algunas antiguas plegarias del oriente cristiano que, refiriéndose a la Theotokos, a la Madre de Dios, recorren toda la historia de la salvación. Nos referimos especialmente al Akathistos y a la Paraklesis. Son himnos de alabanza cantados en forma de letanía, impregnados de fe eclesial y de referencias bíblicas, que ayudan a los fieles a meditar con María los misterios de Cristo. En particular, el venerable himno a la Madre de Dios, llamado Akathistos –es decir, cantado permaneciendo de pie–, representa una de las más altas expresiones de piedad mariana de la tradición bizantina”26.

Orar con María, contemplar con María; he aquí un camino asequible a todos para adentrarse en la contemplación de la Palabra de Dios; puede decirse sin temor que es un camino seguro.

26. Verbum Domini, n. 88.

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Los santos y la interpretación de la Escritura

Siguiendo la línea de subrayar la importancia de la lectura de la Palabra de Dios en la Iglesia como lugar hermenéutico, Benedicto XVI extiende su mirada a los santos como “lectores” de la Escritura, y dice:

“La interpretación de la Escritura quedaría incompleta si no se estuviera también a la escucha de quienes han vivido realmente la Palabra de Dios, es decir,

los santos (...) Así la interpretación más profunda de la Escritura proviene precisamente de los que se han dejado plasmar por la Palabra de Dios a través de la escucha, la lectura, la meditación asidua”27.

Y continúa el Papa:

“Ciertamente no es una casualidad que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura”28.

Benedicto XVI enumera a continuación una serie de santos que han influido poderosamente en la Iglesia porque su pensamiento estaba fecundado por la contemplación de la Sagrada Escritura. Entre esos santos destaca a san Antonio Abad, san Basilio Magno, san Benito, santa Clara, santo Domingo de Guzmán, santa Teresa de Jesús y santa Teresa del Niño Jesús, y comenta:

“Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios”.

Entre esos santos, Su Santidad incluye también a “san Josemaría Escrivá y su predicación sobre la llamada universal a la santidad”29. Es bien conocida la importancia que la meditación de la Sagrada Escritura, especialmente los Salmos y el Nuevo Testamento, tiene en la vida del Fundador del Opus Dei. Él mismo es ejemplo de cómo acercarse a la Escritura, “metiéndose en ella como un personaje más”. En este mismo número de Scripta de Maria se publica una nota en torno a la edición crítica de Santo Rosario, y a ella remitimos al lector.

El Papa aduce la razón fundamental que existe para poner a los santos como modelo de lectura de la Sagrada Escritura:

27. Verbum Domini, n. 48.28. Verbum Domini, n. 48.29. Verbum Domini, n. 48.

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“En relación con la Palabra de Dios, la santidad se inscribe así, en cierto modo, en la tradición profética, en la que la Palabra de Dios toma a su servicio la vida misma del Profeta. En este sentido, la santidad en la Iglesia representa una hermenéutica de la Escritura de la que nadie puede prescindir. El Espíritu Santo, que ha inspirado a los autores sagrados, es el mismo que anima a los santos a dar la vida por el Evangelio. Acudir a su escuela es una vía segura para emprender una hermenéutica viva y eficaz de la Palabra de Dios”30.

Son bien conocidas las dificultades de la hermenéutica y el gran esfuerzo científico que exige. Revitalizar ese esfuerzo desde la lección que nos da la santidad en la Iglesia es una “vía segura” para darle nueva vida y, de la mano de santa María, para tornar ese camino más amable.

Madre del Verbo y Madre de la alegría

La Exhortación concluye recordando la relación que existe entre la acogida de la Palabra de Dios y la alegría, no “una alegría superficial y efímera, sino aquélla que brota del ser conscientes de que sólo el Señor tiene palabras de vida eterna”31. En este contexto, la alegría de la Virgen es presentada como paradigma de la alegría que sigue a la acogida de la Palabra de Dios:

“Esta íntima relación entre la Palabra de Dios y la alegría se manifiesta claramente en la Madre de Dios. Recordemos las palabras de santa Isabel: Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá (Lc 1,45). María es dichosa, porque tiene fe, porque ha creído, y en esta fe ha acogido en el propio seno al Verbo de Dios para entregarlo al mundo. La alegría que recibe de la Palabra se puede extender ahora a todos los que, en la fe, se dejan transformar por la Palabra de Dios (...) Jesús muestra la verdadera grandeza de María abriendo así también para nosotros la posibilidad de esa bienaventuranza que nace de la Palabra acogida y puesta en práctica. Por eso recuerdo a todos los cristianos que nuestra relación personal y comunitaria con Dios depende del aumento de nuestra familiaridad con la Palabra divina”32.

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30. Verbum Domini, n. 48.31. Verbum Domini, 123.32. Verbum Domini, 124.

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Al concluir nuestro recorrido mariológico por la Exhortación Verbum

Domini, volvamos a una frase de suma importancia, que es una invitación –podría decirse que un reto– para los teólogos:

“Exhorto también a los estudiosos a que profundicen más la relación entre mariología y teología de la Palabra”33.

Si hasta ahora se había señalado que la mariología no puede ser un tratado aislado de los demás tratados teológicos, es decir, debía estar muy atenta a la luz que le llegaba desde los demás tratados –y es necesario seguir insistiendo en esto–, ahora conviene subrayar también que las verdades marianas deben iluminar los demás tratados teológicos, también la teología de la Palabra.

Privar a la teología de la luz que proviene de la Madre significa privarla de unos puntos de referencia que no sólo son útiles, sino imprescindibles. Lo exige, sobre todo, el carácter sapiencial de la teología.

Lucas F. Mateo-Seco

Director de Scripta de Maria

Facultad de TeologíaUniversidad de Navarra

33. Verbum Domini, n. 27.