Weinrich (Tiempos Verbales)

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UNIDAD 5

Harald Weinrich: Estructura y funcin de los tiempos en el lenguaje

Ed. Gredos. Madrid, 1968

Captulo I

LOS TIEMPOS, NO EL TIEMPO

[]

una comparacin: las personas del verbo

Hemos partido de la extraeza que nos causa la obstinacin del lenguaje empeado en hacernos poner, al menos una vez en cada oracin, un tiempo, aunque tengamos que estar repitindolo constantemente. Esta obstinacin parece tanto ms incomprensible cuanto menor es la informacin sobre el Tiempo que nos facilitan los tiempos. Ahora bien, todo aquel que ama el lenguaje y est familiarizado con l sabe que es un instrumento admirable del espritu que le dispensa generosamente sus servicios. El lenguaje poner a disposicin del hablante palabras, formas y estructuras y no pide imposibles a nuestra comunicacin. Si se obstina en que se repitan los tiempos es porque deben de ser algo muy importante, algo que debe estar presente en cada momento de la comunicacin, si es que cada una de esas partes ha de contener informacin esencial. Esto es una especie de dogma que se alimenta de neutro contacto con el lenguaje, pero tambin de la observacin de otros tipos de comunicacin que se dan en el mundo, los cuales, en parte alguna, logran consistencia si no estn econmicamente estructurados. Precisamente la obstinacin con que el lenguaje insiste en que repitamos los tiempos descubre que estos aaden a la comunicacin un componente distinto y ms esencial que un dato difuso y paradjico acerca del Tiempo.

En otro campo de la gramtica muestra el lenguaje la misa obstinacin. No solo el tiempo, sino tambin la persona del verbo hemos de repetirla en cada oracin, y con frecuencia ms de una vez, si queremos obtener una informacin completa y una oracin gramaticalmente correcta. Para nuestro planteamiento del problema sera, pues, muy ilustrativo interrogarnos sobre el sentido de una seal que denominamos primera, segunda y tercera persona y que adems distingue entre singular y plural.

[]No existe el idioma en que no pueda reconocerse de alguna manera el esquema fundamental primera: segunda: tercera persona.

Qu contienen estas personas y por qu concede el lenguaje tanta importancia a esta informacin para que irremediablemente tengamos que aadirla a cada perodo? Me parece que en este caso la respuesta es ms fcil que para los tiempos. La primera persona "yo" designa evidentemente al hablante y la segunda "t" [...] designa la persona a la que se habla, es decir, al oyente. La tercera persona, finalmente, "l", "ella", "ello" designa todo lo que sea con exclusin del hablante y del oyente en cuanto objeto del discurso. Esto vale tanto para la lengua conversacional como para la literatura. [...]

De lo dicho se deduce la respuesta que contesta a la pregunta de por qu el lenguaje exige un signo lingstico propio para indicar la persona, aun a costa de repeticiones estereotipadas. Es que el tringulo primera : segunda : tercera persona representa el modelo que est en la base de toda comunicacin. Toda comunicacin consta de un cdigo, un hablante, un oyente y un mensaje. El cdigo es el lenguaje mismo, as que no puede aparecer; pero los otros tres elementos fundamentales de la comunicacin aparecen, precisamente, no como complemento ocasional, sino como complemento de la comunicacin necesario y repetido obstinadamente. El hablante est representado por la primera persona; el oyente por la segunda; el mensaje, en cuanto es un tercer elemento independiente frente al hablante y al oyente, est representado por la tercera persona. Con ello, toda manifestacin lingstica queda "localizada" en el modelo de la comunicacin.

Como la comunicacin es la capa ms profunda del lenguaje y, por tanto, su verdadero fundamento, lo que acabamos de decir es, evidentemente, algo muy importante. Las leyes de la comunicacin, objeto de una ciencia bastante nueva, gobiernan el lenguaje (langage) comprendido en el sentido acuado por Saussure de capacidad general lingstica del hombre antes de concretarse en los rasgos que lo convierten en sistema lingstico particular (langue). La presencia de la persona, inevitable en cada oracin, relaciona, pues, su oracin con las situacin bsica en la que se hace uso de la lengua, es decir, con la situacin comunicativa ordenada segn las leyes de la comunicacin correspondientes al modelo que acabamos de exponer. La situacin hablada es la seccin de dos rdenes en la que se encuentran el lenguaje y el mundo. En ella el mundo es seleccionado (en el sentido ms fundamental( con vistas al lenguaje y adscrito a las tres "personas" del modelo de comunicacin. La nica forma de hacer accesible el mundo a la comunicacin consiste en someterse a las condiciones de esa seleccin "apririca". Por ello me parece que es en las personas del verbo donde puede comprenderse ms fcilmente la obstinacin del lenguaje. No hay nada que ofrezca mejores motivos de insistencia, porque no hay zona del lenguaje donde se ventilen ms cosas. En la comunicacin est en juego el sistema medular del lenguaje.

En cuanto a los tiempos, el lenguaje muestra la misma obstinacin que en cuanto a las personas. Entonces, y si nuestras consideraciones son acertadas, tendr el lenguaje razones tan fuertes y "vitales" para concederles tanta importancia y no dispensarles de su presencia en la oracin. Por analoga con las personas, deducimos adems que, posiblemente, los tiempos tienen que ver tambin con aquella capa o zona ms elemental y, por tanto, ms fundamental del lenguaje, es decir, con la comunicacin. Tambin los tiempos deben de constituir parte del sistema medular del lenguaje; probablemente tienen algo que ver con la situacin comunicativa en la que coinciden lenguaje y mundo. Con esta sospecha y nuevo planteamiento volvamos a los tiempos.

Captulo II

EL SISTEMA DE LOS TIEMPOS EN EL LENGUAJE

"consecutio temporum"La diferencia entre tiempos simples y tiempos compuestos se ha hecho segn criterios lingsticos. Si ahora buscamos otra agrupacin, el criterio fundamental tambin ha de ser lingstico. Ahora bien, esa diferenciacin se apoya en una comparacin de las formas del verbo y de sus tiempos; pertenece, pues, a la dimensin paradigmtica del lenguaje y en ella tiene su justificacin. Sin embargo, nos hemos propuesto no olvidar que el lenguaje tiene los mismos derechos para exigir que se atienda a su dimensin sintagmtica, ya que la oracin no es slo habla, como podra suponer una interpretacin superficial de la pareja de conceptos saussurianos (lengua (langue) y habla (parole). La oracin tambin tiene sus leyes. La distribucin de los elementos de la oracin est condicionada, tanto como los elementos mismos, por ciertas leyes estructurales de la lengua (langue). As pues, un tiempo, una vez situado en el contexto de un discurso vivo, ejerce sobre los elementos vecinos en particular sobre los tiempos adyacentes de la oracin una presin estructural que limita la libertad de elegir entre todos los tiempos posibles. En otras palabras, un tiempo de un discurso, es decir, que se encuentra en una oracin y en un contexto (hablado o escrito), no es ilimitadamente combinable con otros tiempos. Ciertas combinaciones son preferidas en el contexto prximo o remoto; otras son limitadas e incluso inadmisibles. Estas limitaciones de la libertad combinatoria aparecen particularmente claras cuando se forma una oracin compleja o un perodo. Entonces el tiempo de la oracin principal parece llevar la pauta pidiendo en la oracin subordinada determinados tiempos y rechazando otros. Este fenmeno, sealado en todos los idiomas, ha sido denominado consecutio temporum, concordancia de tiempos. [] Repasando el conjunto de doctrinas sobre esta materia en cuanto a la lengua francesa, se puede establecer como opinin unnime que en la oracin se advierte cierta fuerza combinatoria de los tiempos, pero no una necesidad absoluta.[] Podemos decir con bastante seguridad que, naturalmente, existe una concordancia de los tiempos, es decir, una cierta presin combinatoria o, an mejor, cierta limitacin combinatoria de los tiempos en la oracin compleja del francs.

Cierta presin, digo expresamente, lo que lleva consigo ciertas dificultades para mi demostracin. [] Por ahora voy a contentarme con una demostracin un tanto esquemtica. As pues, formando en francs una oracin compleja con el verbo savoir en la primera oracin y el verbo chanter en la siguiente, resultan ciertas afinidades entre los tiempos. Con el prsent de la primera oracin je sais concuerdan en la siguiente:

je sais qu'il chante

qu'il a chant

qu'il chantera

qu'il va chanter

qu'il vient de chanter

qu'il est en train de chanter

Y no slo el prsent de la primera concuerda con este grupo de tiempos, sino que los tiempos de este grupo concuerdan entre s.

Un cuadro completamente distinto resulta de colocar en la primera oracin, por ejemplo, un imparfait. Entonces concuerdan:

je savaisqu'il chantait

qu'il avait chant

qu'il chanterait

qu'il allait chanter

qu'il venait de chanter

qu'il tait en train de chanter

Aqu concuerda tambin no slo el imparfait con el grupo de tiempos indicado, sino que estos tiempos concuerdan tambin entre s. En los ejemplos no aparece el pass simple, porque, en la oracin subordinada, es difcil de encontrar. Sin embargo, de hallarlo en la primera oracin, se sigue una concordancia segn la segunda y no la primera lista: je sus qu'il chantait, etc.Estos son, como hemos dicho, ejemplos esquemticos; muchas veces corresponden a la lengua verdadera, mas no siempre. Pero no todas las excepciones tienen la misma fuerza probatoria. Qu sucede si, por ejemplo, contra las reglas de la costumbre aqu recogidas, combino el prsent con el imparfait y digo: je sais qu'il chantait? Ahora bien, esta construccin, segn la gramtica, no es totalmente falsa; pero la desviacin de la concordancia normal es la