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Coleccion nexos y diferencias Estudios culturales Iatinoamericanos Enfrentada a los desafios de la globalizaci6n y a los acelerados proce- sos de transformaci6n de sus sociedades, pero con una creativa capacidad de asimilaci6n, sincretismo y mestizaje de la que sus mUltiples expresiones artis- ticas son su mejor prueba, los estudios culturales sobre Am.6rica Latina nece- sitan de renovadas aproximaciones criticas. Una renovaci6n capaz de superar las tradicionales dicotomias con que se representan los paradigmas del conti- nente: civilizaci6n-barbarie, centro-peri.feria y las mis recien- tes que oponen norte-sur y discurso hegem6nico al subordinado. La realidad culturallatinoamericana mas compleja, polimorfa, integrada por .identidades mUltiples en constante mutaci6n e inevitablemente abiertas a los nuevas imaginaries planetarios y a los procesos interculturales que conllevan, invita a proponer nuevos espacios de mediaci6n critica. Espacios de mediaci6n que, sin olvidar los nexos que hist6rica y culturalmente han unido las naciones entre si, tengan en cuenta la diversidad que las diferen- cian y las que existen en el propio seno de sus sociedades multiculturales y de sus originales reductos identitarios, no siempre debidamente reconocidos y protegidos. La Colecci6n nexos y diferencias se propene, a trav6s de 1a publicaci6n de estudios sobre los aspectos mas polemicos y apasionantes de este inelu- dible debate, contribuir ala apertura de nuevas fronteras criticas en el campo de los estudios culturales latinoamericanos. Directores Fernando Ainsa Lucia Costigan Frauke Gewecke Margo Glantz Beatriz Gonzalez-Stephan JesUs Martin-Barbero Sonia Mattalia Kemy Oyarzful Andrea Pagni Mary Louise Pratt Beatriz J. Rizk Consejo asesor Jens Andermann Santiago Castro-G6mez Nuria Girona Esperanza L6pez Parada Kirsten Nigro Sylvia Saitta --- DISCURSOS SOBRE (L)A PO BREZA America Latina y/e paises luso-africanos Martin Lienhard (coordinador) de Annina Clerici y/e Marilla Mendes Iberoamericana · Vervuert · 2006

Rivera Cusicanqui. Miserabilismo

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Sobre el Album de la revolución Bolivia 1952

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Page 1: Rivera Cusicanqui. Miserabilismo

Coleccion nexos y diferencias Estudios culturales Iatinoamericanos

Enfrentada a los desafios de la globalizaci6n y a los acelerados proce-sos de transformaci6n de sus sociedades, pero con una creativa capacidad de asimilaci6n, sincretismo y mestizaje de la que sus mUltiples expresiones artis-ticas son su mejor prueba, los estudios culturales sobre Am.6rica Latina nece-sitan de renovadas aproximaciones criticas. Una renovaci6n capaz de superar las tradicionales dicotomias con que se representan los paradigmas del conti-nente: civilizaci6n-barbarie, centro-peri.feria y las mis recien-tes que oponen norte-sur y discurso hegem6nico al subordinado.

La realidad culturallatinoamericana mas compleja, polimorfa, integrada por .identidades mUltiples en constante mutaci6n e inevitablemente abiertas a los nuevas imaginaries planetarios y a los procesos interculturales que conllevan, invita a proponer nuevos espacios de mediaci6n critica. Espacios de mediaci6n que, sin olvidar los nexos que hist6rica y culturalmente han unido las naciones entre si, tengan en cuenta la diversidad que las diferen-cian y las que existen en el propio seno de sus sociedades multiculturales y de sus originales reductos identitarios, no siempre debidamente reconocidos y protegidos.

La Colecci6n nexos y diferencias se propene, a trav6s de 1a publicaci6n de estudios sobre los aspectos mas polemicos y apasionantes de este inelu-dible debate, contribuir ala apertura de nuevas fronteras criticas en el campo de los estudios culturales latinoamericanos.

Directores

Fernando Ainsa Lucia Costigan Frauke Gewecke Margo Glantz Beatriz Gonzalez-Stephan JesUs Martin-Barbero Sonia Mattalia Kemy Oyarzful Andrea Pagni Mary Louise Pratt Beatriz J. Rizk

Consejo asesor

Jens Andermann Santiago Castro-G6mez Nuria Girona Esperanza L6pez Parada Kirsten Nigro Sylvia Saitta

---

DISCURSOS SOBRE (L)A PO BREZA America Latina y/e paises luso-africanos

Martin Lienhard (coordinador)

de Annina Clerici y/e Marilla Mendes

Iberoamericana · Vervuert · 2006

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Bibliographic information published by Die Deutsche Bibliothek Die Deutsche Bibliothek lists this publication in the Deutsche Nationalbibliografie; detailed bibliographic data are available on the Internet at <http://dnb.ddb.de>.

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Esta publicaci6n se realiz6 con el apoyo de la Fundaci6n Universitaria (Hochschulstiftung) del cantOn de Zurich

Esta publicayiio foi realizada com o apoio da Fundayao Universitaria (Hochschulstiftung) do cantiio de Zurique /IC Reservados todos los derechos

© Iberoamericana, 2006 Amor de Dios, 1-E-28014 Madrid Tel.: +34 91 429 35 22 Fax: +34 91 429 53 97 [email protected] www.ibero-americana.net

© Vervuert, 2006 Wielandstrasse. 40 - D-60318 Frankfurt am Main Tel.: +49 69 597 46 17 Fax: 49 69 597 87 43 [email protected] www.ibero-americana.net

ISBN 84-8489-249-2 (Jberoamericana) ISBN 3-86527-275-4 (Vervuert)

Dep6sito Legal: M. 28.I88-2006

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Foto de cubierta/fotografia da capa: Sl:rgio Santimano Pemba. Da serie Cabo Delgado: uma histOria fotogr6.fica sobre Africa (1997)

Cubierta: Marcelo Alfaro Impreso en Espaiia por Imprenta Fareso, S. A The paper on which this book is printed meets the requirements ofiSO 9706

\.

lNDICE

Acerca de este libro/Sobre este livro ................................................ .

Introducci6n Martin Lienhard. La pobreza: un esc®dalo

LUCHA CONTRA LA POBREZA- LOS DISCURSOS INSTITUCIONALES LUTA CONTRA A POBREZA- OS DISCURSOS INSTITUCIONAIS

Elena Lazos Chavero. La cultura de la pobreza: sentires para una transforrnaci6n ............................................................................... .

Jose Octtivio Serra Van-Dimem. Breve abordagem sobre fundos so-ciais. Um estudo de caso em Angola ............................................ ..

Jorge Montoya Ro,mani. Percepci6n, intenci6n y acci6n en la lucha contra Ia pobreza- una historia de tantos y tantos discursos .........

Denise Oliveira e Silva, Ana Felisa Hurtado Guerrero, Luciano Me-deiros de Toledo. Reflexes do singular na desigualdade social: os diversos sentidos da fome em quilombos da regiao norte, Brasil ...

Silvia Giletti Benso. Vn acercamiento a las mil caras de Ia pobreza y el papel del microcredito ............................................................... .

Edna Maria dos Santos. Educa91iO, pobreza e politica no Brasil ........ .

CONTEXTOS DE LA POBREZA CONTEXTOSDAPOBREZA

Sebastiiio Nascimento. Legislando sobre a pobreza e a desigualdade: o Ato Colonial eo Terceiro Imperio portugues (1930-1961) ........ .

Omar Ribeiro Thomaz. Narrativas da precariedade: desigualdade e diversidade num contexte p6s-colonial. Indianos hindus em Inham-bane, Moi.;ambique ......................................................................... .

NUria Vilanova. Memoria y anonirnato: representaciones d.iscursivas de las muertas de Ciudad Juarez .................................................... .

Riccardo Badini. Ayahuasca y resistencia indigena en Ia Amazonia

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peruana ........................................................................................... !59

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ICONOGRAFlA DE LA POBREZA ICONOGRAFIA DA POBREZA

Silvia Rivera Cusicanqui. Construcci6n de imigenes de indios y mu-jeres en Ia iconografia post-52: el miserabilismo en el Album de Ia Revoluci6n (1954) ........................................................................... 171

Mario Handler. Imigenes y palabras- Posibilidades y limites del cine y el audiovisual. A partir de Aparte ......................................... 209

Martin Lienhard. Sergio Santimano: 0 Mo9ambique dos <<pobres>> ou A escola da vida .............................................................................. 217

Sergio Santimano. Focal ...................................................................... 225

Los POBRES EN MOVIMIENTO Os POBRES EM MOVIMENTO

JesUs Morales BermUdez. La pobreza desde los pobres. Tres testimo-nies en un contexto ......................................................................... 243

Antonio Garcia de Le6n. De la revoluci6n a la transici6n: la rebe-li6n de Chiapas y los caminos de Ia dernocracia en Mexico .......... 263

Xavier Alb6. jDichosos los pobres! jAy de ustedes los ricos! Reflexi6n y praxis cristiana con los pobres en Latinoamenca ........................ 279

Mario R Loarca Pineda. No pretender el vano honor del mundo ....... 297 Corinne A. Pernet. Discursos desde la pobreza: mujeres chilenas en

Ia epoca de los frentes populares .................................................... 315 Marc-Antoine Camp. 0 congado formalizado: organizayao juridica

de guardas do reinado na zona rural de Minas Gerais (Brasil) ....... 329

LA POBREZA DESDE LOS POBRES A POBREZA A PARTIR DOS POBRES

Jose Carlos Sebe Bom Meihy. A fala da pobreza: Carolina Maria de Jesus ................................................................................................ 343

Stephan Scheuzger. La subversividad del discurso de Ia pobreza. La polemica sobre ellibro Los hijos de Sanchez de Oscar Lewis en Mexico ............................................................................................ 359

Maribel Parra Domfnguez. i,Para que narrar Ia pobreza? Una reflexi6n sobre el testimonio .......................................................................... 373

LA POBREZAL LA LITERATURA ,A POBREZA NA LITERATURA

Cannen Lucia Tirid6 Ribeiro Secco. Resistencia e desafios: literatura e reflexoes sobre pobreza ................................................................ 387

Antonio Melis. Los pobres de Dios: desde las cr6nicas andinas hasta Ia teologia de Ia liberaci6n .............................................................. 397

Annina Clerici. La pobreza desde Ia oligarqula: Un mundo para Ju-.Zius de Alfredo Bryce Echenique .................................................... 407

}l.[an1ia Mendes. Pobreza feminib.a em contos exclus3.o e resistencia ..................................................................................... 417

Ro.berto Francavilla. Flagelados do vento leste? Contra uma leitura s6cio-econ6mica da literatura caboverdiana ................................... 427

>Colaboradores de este volumen ........................................................ 435

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CONSTRUCCI6N DE IMAGE£ DE INDIOS Y MUJERES EN LA ICONOGRAFfA POST-52: EL MISERABILISMO

EN EL ALBUM DE LA REVOLUCION (1954)

Resumen

SILVIA R1vERA CusrCANQUI Universidad Mayor de San Andres- La Paz

En la presente ponencia analizare un valioso documento iconogrifico, producido por el emergente Estado de 1952 en Bolivia, que revela Ia imagen de uaci6n y de ciudadania que los dirigentes revolucionarios buscaban cons-truir para toda Ia poblaci6n. Se trata del Album de la Revoluci6n, un conjun-to de mas de !50 fotografias desplegadas, ordenadas y comentadas por Jose Fellman Velarde, uno de los intelectuales sobresalientes del MNR, protago-

de Ia politica cultural y de relaciones exteriores del regimen.· to AI inicio del trabajo describe el hecho revolucionario de abril de 1952 y

trasfondo hist6rico de luchas y actores sociales insurgentes. De este modQ los perfiles de los actores ausentes del Album: indios y mujeres. Estas

;_'p_oblaciones mayoritarias, a traves de sus luchas, revelan las diacr6nicas de larga duraci6n entre Ia 61ite colonial dominante, de origen

;fmropeo, y las masas subaltemas indigenas y cholas. y mujeres se o se representan de forma estereotipada en el

convirti6ndose en ornatos culturalistas en un discurso y en una ,YJSIOn ae naci6n que postulaba Ia hegemonia absoluta de Ia cu!tura occiden-

y cristiana sobre el pais, a partir del Estado. Las mujeres se gtroducen s6Io como deudas, farniliares o viudas de los combatientes, y los

como adornos culturales del mundo del trabajo, que bailan, tocan ins-natives y aclaman a los lideres mestizos. En este proceso de ano-

.imato colectivo la noci6n de miseria y, en general, el miserabilismo en la ipresentaci6n de los sectores subalternos resultan un arma de gran uti!idad. !fu•rioci6n le permite a las clases dorninantes Ia objetivaci6n y subalterni-

estas poblaciones, y Ia legitimaci6n del clientelismo como nuevo de dorninaci6n anclado en redes escalonadas y verticales de manipu-

Si6n,v-de dominic. La noci6n de miseria, al igual que Ia mas modema de despojan a los actores populares (indigenas, mujeres, trabajadores)

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Student
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de su condici6n de sujetos de la historia. El Album mismo constituye, en este sentido, una revelaci6n de los contenidos culturales y civilizatorios de largo plazo que caracterizan la dominaci6n interna en los Andes, en un texto de reformas estatales nacionalistas.

1. Introducci6n. La historia que culmin6 en 1952

En abril de 1952 una tempestuosa insurrecci6n popular urbana y minera destruy6 al ejercito de la oligarquia en tres dias de combates, e insta16 al MNR en el poder reclamando Ia legitimidad de las elecciones de 1951, gana-das por ese partido. Centremos la mirada en las estructuras profundas que subyacen ai evento, es decir en los modes de dominaci6n y en los ciclos de luchas sociales previas que se manifestaron en este acontecimiento hist6rico.

Una oligarquia de origen colonial gobemaba al pais, y el Estado nal veia una serie de espacios de decisiOn y poder vaciados y colonizados por la directa intervenci6n de empresas y gobiemos extranjeros. La masa· indigena productora era no sOlo la principal creadora de la riqueza nacional (tanto a traves de Ia mineria como de Ia agricultura y la recolecci6n), tam-bien en sus espaldas (y en las de sus abundantes rebaii.os y recuas) estaba lo poco que quedaba de modernidad mercantil-capitalista intema en el pais: el espacio de los «trajines>> (Glave 1989) que habia sobrevivido a las severas· crisis de exportaciones que caracterizaron ala economia extractiva colonial. Este mercado interno se hallaba enteramente controlado por la poblaciOn: ,' india y chola, al menos en lo que hace a bienes de la canasta bisica de pro:..: ducci6n local y a muchos insumos y bienes importados, que se intemaban1

por contrabando desde las provincias que habian quedado adseritas a! Vmei-nato de Lima, bacia lo que desde 177 6 seria el Vmeinato de La Plata, al quedO anexada la regiOn de La Paz. Como es ficil de conjeturar, este merca-' do intemo e interregionalluchaba denodadamente por sobrevivir frente trabas legales impuestas por las nuevas fronteras, asi como por Ia invasiOn! de bienes importados que competian deslealmente en el mercado interior.i- <,-

No cabe duda que los rasgos brevemente mencionados de la historia andi-" · na colonial convierten al mercado en un escenario singular de luchas micas, pero a la vez simb6licas e identitarias. Podemos aventurar la hip6tesis:<, de que precisamente Ia contradicci6n diacrOnica subyacente ala revoluci6IT···:· de 1952 puede pensarse como basada en el desfase entre el canicter democriL, · tico y nacional de su mercado interior y la naturaleza colonial y autoritaria de:.; su Estado. Esto, a su vez, enfrent6 a mestizos y criollos -estos Ultimos gados del eslab6n mas alto de mediaci6n con los centros de poder mundiac,:

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les- con la poblaci6n chola e india, mayoritariamente excluida del sistema politico, que laboraba en los campos, minas y rutas de comercio, sustentando econ6micamente el andamiaje y Ia civilidad de toda Ia republica.

La marejada de acciones colectivas insurgentes se nutria de mUltiples . raices: Ia lucha de los caciques apoderados entre 1910 y 1940 por recuperar

sus tierras usurpadas con Ia expansion dellatifundio (Taller de Historia Oral Andina 1984: 15), las accioues organizativas y politicas de Ia Federaci6n Obrera Local (FOL) y de sus cuadros anarquistas, que en los afios veinte y a fines de los cuarenta desatarian una oleada de movilizaciones ciudadanas en manos de sindicatos de nuevo cufio, que articulaban los rasgos mutualistas y comunitarios de los antiguos gremios de oficio con ideologias de inspira-ci6n libertaria que proclamaban Ia igualdad de derechos ciudadanos para toda Ia poblaci6n (Lebm & Rivera Cusicanqui 1988: 35-36). En esa epoca, Ia sociedad urbana pacefia estaba compuesta mayoritariamente por cholos o indios migrantes que vivian en los mirgenes y laderas urbanas, y por una casta parasitaria de mestizo-criollos que ocupaba las grandes casonas del centro y sur de la ciudad, aunque siempre con diversas comunidades indigenas. La poblaciOn de estas, vinculada a todo tipo de mios, mezclaba el horizonte comunitario rural con el sindicato o asociaci6n gremial de oficio y sus propias redes de solidaridad entre paisanos, familia-res y clientes. Asi, desde estos sujetos abigarrados y locales, se fue articu-lando uno de los movimientos sociales pioneros en demanda de igualdad ciudadana y equidad de derechos laborales, que se anticip6 a las medidas reformistas de los afios 1950, y que estableci6lazos de hermandad'y solida-ridad con Ia lucha de las comunidades expresada en el movimiento de caci-ques apoderados (Lebm & ·ruvera Cusicanqui 1988: 40-41). ·'••Hacia 1951, luego de cinco afios de despiadada represi6n antipopular y

'>:antisindical en reacci6n a las medidas populistas del gobierno de Villarroel · (1943-1946), Ia sociedad urbano-popular paceiia vivia un periodo de reflu-

: Ia mayoria de dirigentes de Ia FOL habian sido confinados o estaban per-:"Seguidos por los gobiernos del «sexenio» y sus sindicatos habian sido diezmados o cooptados por los experimentos corporativistas de

y Busch, que se plasmaron en los decretos de <<sindicalizaci6n obliga-,-, wna». En este contexte, son las organizaciones de la FederaciOn Obrera

Femenina (FOP) las que dan renovada vigencia a las luchas anarquistas por -A-·:la:''Ciudadania plena, combinindolas con demandas especificamente femeni-

cholas contra los abusos racistas y patriarcales a que se sometia a las +piujeres de los mercados y a las trabajadoras domesticas en laS casas sefio-

·v en los medias de transporte colectivo como el tranvia (Lehm & Cusicanqui 1988: 70-72).

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Asi, Ia Uni6n Sindical de Culinarias yR. S., a:filiada a Ia FOL, se formo a partir de una queja de las trabajadoras domesticas de los hogares de Ia oli-garquia, que iban cotidianamente de Sopocachi al centro a abastecerse con sus canastas de m.U:nbre, y al circular en los vagones de los tranvias ban las medias de las senoras» (Petronila lnfantes en: Lehm & Rivera Cusi-canqui 1988: 172-173). Las culinarias formaron su sindicato exigiendo que el Alcalde dicte un amparo en favor de su uso de este medic de transporte, pero se comprometieron a su vez a cambiar las canastas de m.imbre por bal-sas de cuero que serian compradas a una empresa local.

Las vendedoras de los mercados de La Paz se asociaron a su vez en oca-si6n de una gran inundaci6n que barri6 sus puestos, con un saldo de varies muertos y cuantiosas perdidas en el mercado de Ia calle Recreo (hoy Maris-cal Santa Cruz a Ia altura de San Francisco), a principios de los aiios 1930. Como consecuencia de ello exigieron a la Alcaldia la construcci6n de merca-dos seguros e higienicos, que comenzaron a edificarse a partir de 1938 for-mando lo que hoy son los mercados Lanza, Sopocachi, Miraflores, Camacho y Rodriguez (Lehm & Rivera Cusicanqui 1988: 164). La historia de las flo-ristas es mas larga y accidentada, por el intento inicial de disolverlas en muchos mercados y 1a lucha por la construcci6n de un Mercado de Flores en Ia Plaza Obispo Bosque, que dm6 entre 1936 y 1939. Luego, por denuncias de los curas de La Merced, el mercado se traslad6 a Ia calle Figueroa, hasta que en Ia decada de los aiios 1970, dmante Ia gestl6n de RaUl Salmon, final-· mente se consigui6 la construcci6n del Pasaje de las Flores, actualroente entre Ia Figueroa y Ia Mariscal Santa Cruz (Lehm & Rivera Cusicanqui 1988: 165-166). En este proceso de visibilidad y activismo de las mujeres se puso en primer plano Ia lucha por una ciudadania multicultural encarnada en Ia chola o mujer de pollera. Para los criticos de estas movilizaciones, sus diri-gentas no tenian empacho en exhibir en pUblico costosos faluchos y topos Goyas indigenas) de oro, en contradicci6n de la supuesta pobreza y necesida--des de las masas trabajadoras. No obstante, los atuendos de gala son parte de. Ia cultura de negociaciones de las sociedades indigenas y cholas, respecto al poder simb61ico concentrado en el Estado y su elite occidentalizante.

Frente a estos procesos de visibilidad publica de las mujeres y de ejerci' cio abierto de c6digos culturales distintos al oligfu:quico, Ia sociedad criolla dominante opt6 porIa domesticaci6n de ambos a traves del sindicalismo. El triunfo de una visiOn sindicalista occidental y m.asculina de la organizaci6ll .. social de los sectores subaltemos fue gestandose en el sexenio (1946-1952} en las c<irceles y campos de confinamiento en los que convergian recluses de Ia FOL con sindicalistas campesinos y dirigentes de los nuevos partidos ticos antiolig<irquicos que habian surgido clandestinamente en los afios

CONSTRUCCI6N DE INDIOS YMUJERES 175

(notoriamente el Mov:intiento Nacionalista Revolucionario y el Partido Obre-ro Revolucionario). Asirnismo, Ia organizaci6n partidista de las mujeres en lo que se denominaron las Barzolas o comandos femeninos de inteligencia y control social termin6 penetrando los gremios y sindicatos urbanos, manio-brando sobre la escasez de alimentos a traves de los cupos de productos de

· primera necesidad, lo cual se convert-ira en su funci6n primaria despues de la revolucion de 1952. AI sobrevenir esta, Ia FOL y Ia FOF se hallaban debilita-das, su imagen se habia desgastado y su combatividad habia quedado reclui-

' da a ciertos sectores o grernios (como .las floristas), cuyas demandas especifi-. cas :ho alcanzaban a cuestionar nuevo orden de cosas. El resto de gremios . y o:ficios tuvo que integrarse, de buen o de mal grado, al sector de los «gre-rniales», comandado por los harineros, bajo control del MNR. Un sindicalis-mo de corte paraestatal, prebendal, masculino y cupular se apoder6 de Ia COB y las Federaciones de Mineros y Fabriles en los aiios 1950 y 1960.

;,C6mo se construy6 esta versi6n masculinizada y mestiza de Ia historia de las movilizaciones populares en Bolivia? ;,Como afect6 esta representa-

\ 'ci6n a las realidades ,sociales y a las formas organizativas concretas de la poblaci6n popular y productiva? ;,De que manera fue fimcional a esta c.ons-

.·- trucci6n la idea de «miseria>> y «atraso» en la visiOn de las capas medias intelectuales mestizas del partido triunfante? Para responder a estas pregun- · tas analizare e!Album de Ia Revoluci6n (Fellman Velarde 1954), que contie-·ne un discurso iconognifico que abarca mas de un siglo de bistoria de Boli-

(desde Ia lndependencia republicana de 1809-1825 hasta 1954), y propone una narrativa o interpretacion de Ia historia moldeada a los prop6si-t.os de las capas medias ilustradas y occidentalizantes que estuvieron a Ia r:' cabeza de las reformas de 1952. Se trata de un :ilbum de fotografias fina-

'.:mente editado en formato tabloide y papel cuche, sin paginaci6n. Las fotos intercalan con algunos dJ.'bujos y muchas paginas de titulos, comentarios · de foto. Aunque no se indica el nombre del fot6grafo, puede suponer-

el recopilador fue Jose Fellman Velarde, que <<planific6 y dirigi6>> Ia \ del Album y que es tam bien el au tor de los textos, asi como del :•.or!ienamiento y subtitulaci6n del conjunto.

La seleccion de este documento grafico obedece al intento de compren-imaginarios nacionales colectivos que masculinizaron y elitizaron la de Ia insurreccion popular de 1952 en Bolivia, amoldandola a Ia ciudadana de corte mestizo, occidentalizado y masculine, que se

en los hechos en el contenido cultural explicito de las reformas :emprendidas por el MNR desde el poder. El discurso «rniserabilista>>, que iobjetiviza a indios y mujeres como victimas sufridas, objetos de Ia explota-

tributarias/os de una identidad y protagonismo ajenos, logra surnir-

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los/as en el anonimato colectivo de su condici6n de colonizados/as, privfu-doles de su condici6n de sujetos protagonistas de Ia historia.

Mediante estrategias de representaci6n, y hacienda uso de mecanismos de connotaci6n como la selecci6n, el encuadre, el comentario o pie de pigi-na y la sintaxis del m9ntaje sobre la pagina en blanco (Barthes 1995 [1986]: 21 ), el Album prop one nna lectura.begem6nica de la historia contemporanea de Bolivia, de la cual se obliteran las lucbas sociales protagonizadas por estes sectores sociales mayoritarios -hombres y mujeres indigenas, cho-los/as y mestizos/as la clase trabajadora- y se les moldea en el perfil de ciudadanos sumisos, subordinados al caudillo (Victor Paz Estenssoro, a quien el Album construye como el visionario lider y constructor de la revo-luci6n), y privados de nombre e identidad propios. En este destine de anoni-mato colectivo, el Album pone en pdctica la construcci6n de una imagen elitista de la naci6n boliviana, en la que se subordina o se invita mente a indios y mujeres a un ingreso pautado y subaltemo en el escenario de la politica y del Estado y anna ciudadania de segnnda i::lase en el escena-rio de la democracia populista del partido nacionalista.

2. La noci6n de miseria en las representaciones de Ia etapa olig:irquica

Todas las lucbas antioligarquicas de la poblaci6n india y cbola fueron expurgadas cuidadosarnente del Album cuando se reconstruye las formas de dominaci6n de la oligarquia, desde la independencia basta los ailos 1940. La combatividad, organizaci6n y los notables logros de estas movilizaciones eli el desmantel3fD.iento del regimen de la «rosca>> minero-terrateniente, brillan por su ausencia. En su Iugar, se pinta a las masas populares e indigenas como objetos pasivos de la acci6n -explotadora o liberadora- de otros.

Asi, al describir el siglo XlX se presenta la fotografia de lo que puede ser nn mercado popular urbano en los ailos 50 (ilustraci6n I), don de nn carga' dory nn ciego guiado por nna niiia indigena figuran en primer plano, con nn fondo de vendedoras y transeiintes. El texto que acompaila ala foto dice:

Despues del asesinato de Belzu a manos del caudillo de la oligarquia gamO.:. nal: Mariano Melgarejo, una larga noche negra descendi6 sobre Bolivia. Lo-S privilegiados, en el poder no vacilaban en extremos con tal de perpetuar el · men de explotaci6n y de miscria gracias al cual amasaban su fortuna.

Aqui los oprimidos ni siquiera son aludidos, mucho menos como tos. La noci6n de «explotaci6n y miseria>> habla de un regimen, no de

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o colectividades concretas. Pero los miserables figuran en la foto, car-bultos, caminando y trabajando en las calles de nn mercado popular

La metonimia del cargador como sin6nimo de explotaci6n y {Si6n,i"acial quedari marcada en la cultura yen la cinematografia bolivianas, ;'3.d:raves de arquetipos como el aparapita de Jaime Sienz o de Isico, el niiio

( cargador) de la pelicula Chukiyawu, del director Antonio Egnino. La noci6n de miseria se extiende despues basta el pais entero. Mas ade-

una hermosa foto panocimica muestra una aldea rural con un fondo kvarias cadenas de montailas (ilustraci6n 2). El campo parece yermo, pero

que se trata de un memento posterior a la cosecha, porque en ?rimer,plano se muestra un haz de cebada cosechada. El pie de foto reza

,Y,, por primera vez, Bolivia se ve obligada a importar sus alirnentos>>, y en la pagina del frente: <<Los liberales inician ei despojo de

los ,campesinos. Estos, privados de sus tierras y atraidos a lamina por el del salario, abandonan el campo. Baja la producci6n agricola>>.

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La apariencia desertica de la foto, con el encuadre privilegiando el campo cosechado y el caserio cortado en el extreme superior oscurecen e1 hecho productive, y lo asocian con un rendimiento miserable; con un despoblamiento del campo. La foto esta despoblada, salvo por una figura, a !a izquierda, a! fondo del campo cosechado. Y todo el pais sufre las consecuencias: «[ ... ]Bolivia seve obligada a importar sus alimentos». Los campesinos, responsables de este d6ficit productive, lo son como tos del despojo de sus tierras por los terratenientes liberates. Estos, por cierto, no fueron quienes «inician el despojo de los campesinos», ni serian los Ultimos en ejercerlo. La acci6n social de los comunarios se reduce a Ia huida: abandonan el campo y se enrolan en las minas, en pos de la ilusi6n del salario.

Luego de mostrar una foto de Sim6n I. Patifio, el magnate minero, seve, un campamento minero (ilustraci6n 3), donde a !a izquierda sobresalen !.S instalaciones de un ingenio o depOsito de millerales, con los alambres de uh teleferico, y a Ia derecha, en el escenario panonUnico del fonda, se mues.:. tran, alineadas, centenares de pequefias viviendas mineras. El comentario' en !a pagina de enfrente reza: <<La alianza de !a gran mineria y del feudalis-mo apoyada en el imperialismo britfurico, hacen de Bolivia, durante treinta afios, un gran campamento minero, y de los bolivianos, esclavos baratos Y resignados».

CONSTR1/XI6N DE IMAGENES DE INDIOS Y MUJERES 179

La resignaci6n de !a pob!aci6n ante un' destine de trabajo, explotaci6n y pobreza, difuminan aful mas el perfil de las luchas sociales obreras. Ya se ha

el campo como un desierto, con su poblaciOn en fuga en pos de la de prosperidad que traer:l el trabajo en !a mineria. Ahara seve que el

s3.J,ario equivale a !a esclavitud. ,- En la siguiente pigina, un montaje muestra dos fotos, que llenan toda la

(ilustraciOn 4): en la foto superior, un ferrocarril en marcha, yen la una mujer de negro caminando en pleno sol por un sendero de tie-

Los comentarios de !a pagina de enfrente hablan de las dos fotos: arriba, construyen ferrocarriles que son sOlo caminos por donde fugan las

riquezas bolivianas [ ... ]>>. Y abajo, «[ ... ] mientras a! 'indio' le queda sola-, el camino de la angustia, de dolor y de miseria».

El montaje privilegia el contraste simb6lico entre dos elementos: el ferrocarril, miquina que avanza·sin dejar rastro humane, y el camino de tie-.. por donde transita el indio generico (en este caso una mujer de negro)

emblema de un espacio desolado, silencioso y desarticulado.

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IlustraciOn 6

En la pigina siguiente se sintetizan los contrastes sociales fundamentales , que caracterizan el pais oligirquico, poniendo en oposici6n dos ambas posiblemente contemporaneas a Ia epoca de composici6n del Album (ilustraci6n 5). En la foto superior, una casa seiiorial en medio de un gran,. campo con una laguna, y en la foto de abajo, una casucha de adobes con techos de calamina sujetados por piedras, en lo que parece ser una zona

CONSTR\CCI6N DE !MAGENES DE INDIOS Y MUJERES 183

suburbana de La Paz. Entre ambas fotos, un escueto comentario: <<.Allado de lujosos palacetes [ ... ] chozas miserables».

La simbologia de Ia miseria, asociada al trabajo y ahora a Ia vivienda del · poblador ind.igena y popular urbana, se reforzari mas tarde con otros rasgos, pero nuevamente la ausencia de sujetos humanos en las fotos refuerza el quie-tismo y Ia resignaci6n frente a una situaci6n dada, impasible, inamovible.

Y por fin, por primera vez, en el Album se muestran rostros en primer . plano de los trabajadores que habitan esos espacios improductivos y misera-.bles (ilustraci6n 6): en Ia foto de arriba, un campesino chapaco (de Tarija,

el sui del pais), de rasgos mestizos y vestido con poncho, pafioleta y som-brero de ala ancha, tocando un erke; yen la foto de abajo, mis pequefia, un indio altiplamco con Ia cabeza cubierta por un tipico lluch 'u indigena, retra-tado en gesto de severo grito. Entre ambas fotos, los siguientes comentarios .(de izquierdaa derecha): <<.Allado de Ia degeneraci6n y de Ia ruina en elpro-' pio seno de Ia clase explotadora [ ... ]Ia recia contextura de una raza fmjada en Ia lucha porIa vida y un porveuir mejor [ ... ]». Clase explotadora versus

' :;'((raza» explotada, que sin embargo muestra rasgos.de reciedumbre y traba-jo, y por lo tanto es una clase-raza. Es decir, una raza laboral en la cual el :t(abajo y la explotaci6n se naturalizan y se convierten en marcas inherentes a su condici6n etnica.

En Ia siguiente pagina, un par deJotografias, nuevamente bajo Ia tecnica del montaje por oposici6n o contraste, revelan similar intenci6n y fijadorade los rasgos inherentes y constitutivos de Ia sociedad boliviana (ilustraci6n 7). Arriba, una soleada calle de un barrio residencial, con gran-9-es chalets de construcci6n para entonces moderna, y abajo, un paisaje alti-

con un conglomerado de casas, relativamente dispersas, que parece :un conjunto suburbano. No obstante, entre las dos fotos, el comentario resal-'ta: <<Allado de algunas ciudades de opulencia artificial que se levantan

· como fuentes del dominio imperialista estan las aldeas miserrirnas aprisio-nadas porIa inmensidad desolada [ ... ]>>.

. Pero si nos fijamos cuidadosamente, en ambas fotos se desliza una mani--,-piuaci6n ideo16gica por la via del recurso connotative del comentario escri-\o. En Ia primera, podria tratarse de un barrio de clase media occidentaliza-d3., a la cual pertenecian los miembros del partido gobemante y el propio ·-:f.ellman Velarde, autor del Album. Pero mis aUn, el caserio urbano popular, :g11;e el comentarista describe como una de «las aldeas mis6rimas :ctas porIa inmensidad desolada [ ... ]>>,no denota miseria, ya que seven pos-;tes de luz en frente de las casas (un claro signo de modemidad y progreso en 'los aiios 1950), y Ia mayoria de elias muestra techos de calanrina, fachadas revocadas y propiedad cercada. Al fondo, el nevado Huayna Potosi revela

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184 SILVIA RIVERA CUSICANQUI

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que se trata en realidad de un barrio de El Alto ( entonces un suburbio de La Paz). La atribuci6n de miseria y desolaci6n, mas que un referente adherido a Ia denotaci6n o ana!ogo fotografico (Barthes 1995 [1986]: 38-39), proviene del sesgo o carga ideol6gica del texto. Una suerte de <<trucaje» destinado a las ,§lites, que habria de reforzar el hecho de que <<se sentian dueiias del pais, pero al mismo tiempo lo despreciaban>> (Almaraz Paz 1969: 33), en una engaiiosa y homogenea visiOn de miseria y desolaci6n que tiiien no s6lo el paisaje sino a sus habitantes ..

El concepto de miseria opera en estos textos como un indice (Guha 1997: 44), cuya funci6n interpretativa es introducida por el texto, a partir de

. una serie de asociaciones: desolaci6n, despoblamiento, esclavitud, resigna-ci6n. La imagen fotogrifica condensa asi las ausencias y presencias de indios y mujeres. Salvo en Ia foto compuesta por el ferrocarril y un sendero por donde camina una sombra, la mujer no aparece. Es una figura borrosa y masculinizada por el texto (<<mientras a! 'indio'[---]», ilustraci6n 4). La borradura de indios y mujeres de Ia historia se hace asi compatible .con el advenim.iento de un nuevo orden social y politico donde la noci6n de «Ciu-dadania» adquiriri un tinte dominantemente occidental y mestizo, un te cultural de pedagogia colonial y civilizadora que aherroja los cuerpos y las conciencias a un destine de anonimato colectivo. Asi advienen ala vida publica del Estado y Ia politica, multitudes an6nimas y masificadas, vesti-das invariablemente de temo y sombrero, en mim.ica subordinaci6D. al r:p.ode-lo ciudadano mestizo e ilustrado que desplegaba la elite, expresando su incontestable hegemonia (Berger 1980: 33-35) .

3. La subordinaci6n patriarcal en el «despertar»

El Album nos ofrece una estmctura periodizada de Ia historia de Bolivia, donde una suerte de prehistoria (Ia etapa oligarquica posterior a Ia indepen-dencia) es sucedida por una secci6n en la que se ilustran los tos preparatorios de la revoluci6n, que Fellman Velarde titula «el desper-tar». La secci6n comienza con una evidencia documental de la guerra del Chaco, de la cual se omite toda fotografia (pese a ser uno de los episodios mas fotografiados de Ia historia de Bolivia) y Ia sucesi6n de gobiemos mill-tares y reformistas que culmin6 con el colgamiento de Gualberto Villarroel en 1946. La posguerra se presenta con una fotografia en primer plano del presidente Busch, con un comentario en el que se destaca un decreta de su gobierno contra los grandes mineros del estafio, Patifio, Hoschild y Arama-yo_ En Ia fotografia siguiente se muestra a Busch sentado y rodeado de sus

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186 SILV!ARJVERACUSICANQUI

ministros, entre los que se destaca en el pie de foto la presencia de Estenssoro y Walter Guevara Arce.

Hasta aqui, elliderazgo del proceso de carnbios lo detentan varones ' tizo-criollos de edad madura, emergentes de la guerra del Chaco. Una mujer; aparece frente a la turnba de Busch (ilustraci6n 8), como para confmnar el

DE IMAGENES DE INDIOS Y MUJERES 187

caricter de <<Viuda>> o «deuda>>, Unico papel que parece corresponderles a las mujeres en el contexte del nuevo proyecto estatal. La colunmata trunca que

, simboliza la vida y muerte del presidente suicida expresa un simbolo f:ilico que ordena el espacio en una totalidad patriarcal.

En la siguiente secci6n, dedicada al Movimiento Nacionalista Revolu-'_.cionario, se destaca la foto de los masacrados de los campos de Maria Bar-

(20 de diciembre de 1942), donde las mujeres figuran nu,evani.ente viudas y deudas de los mineros caidos (ilustraci6n 9). Todas las demas

fotografias, hasta llegar al gobierno de Villarroel, mostrar:in imagenes de .·.multitudes y grupos dominantemente masculines y mestizos, vestidos a la

de Ia epoca, con ternos cruzados y sombreros de fi.eltro de ala ancha. En el gobierno de Villarroel se destaca la organizaci6n del Primer Gran

Congreso Indigenal de marzo de 1945 (ilustraci6n 10), y alli aparecen muje-res indigenas, de eSpaldas, cargadas con awayus, acercindose a saludar al ·

y a los organizadores del congreso. El :ingulo de la camara es contrapi-las mujeres parecen estar pisando mis abajo que el Hder; el encuadre

'refuerza entonces la connotaci6n de una actitud sumisa. Mujeres de clase media, principalmente maestras, se muestran en una foto-

que evidencia la conspiraci6n contra Villarroel, en la que se anuncia la · declaratoria de una huelga salarial (ilustraci6n II). Son los proleg6menos del

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188 SILVIA R1VERA CUSICANQU!

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de 1946, fecha en la que morini asesinado el «presidente colgado», con varies de sus colaboradores. El despliegue de fotografias de los col-

ha circulado en muchos textos conmemorativos y pedag6gic0s, narcando el faro! de Ia plaza Murillo como un espacio emblematico en el que kcondensa Ia memoria co!ectiva (Halbwachs 1997 [1950]: 193-203).

cuanto a la poblaci6n indigena masculina, otra de las formas de su es como muertos, cadiveres botados sin identidad ni rostra (como

Campesinos, Masacre Obreros», ilustraci6n 12), o an6nimos ;:r&qs cargando ataU.des en «En carros basureros los cadiveres .... » (ilustra-"' · 3). Es el periodo del «sexenio>>, inmediatamente antecedente a la voluci6n. Y alli aparecen nuevamente las mujeres, como «esposas, madres

declarandose en huelga de harnbre por Ia libertad de sus familiares y confinados (ilustraci6n 14).

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pueblo en Ia insurrecci6n· y en los actos piiblicos del nuevo estado

partir de esta secci6n se sucede un despliegue de imigenes de perso-individuales y colectivos participantes en el proceso insurreccional. son, invariablemente, mestizos vestidos de temo o unifonne policial,

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ya sea con sombreros o cascos, y en Ia ii.ltima fotografia de la serie (ilustra-ci6n 15), los dirigentes del MNR encabezando grandes grupos insurgentes, todos de temo, con las cabezas descubiertas, donde destaca Ia presencia del lider obrero Juan Lecbin. La metonimia del opresor es esta vez una bota,

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194 SJLVIA RIVERA CUSICANQUI

tirada en medio de un suelo pedregosa, simbolo del ejercito derrotado traci6n 16). En uno de los comentarios se menciona el balance de las· das: 1.200 muertos.

Mis adelante aparecen nuevamente las mujeres, apegadas a las listas muertos y heridos, en busca de sus seres queridos, como si su Unico el proceso insurrecciona! fuese el de madres o esposas (ilustraci6n 17).

Las imagenes del proceso de conso!idaci6n del gobiemo de !a ci6n son atm. mas contundentes en la exclusi6n sistematica de indios y

\ CONSTRUCC!6N DE IMAGENES DE INDIOS Y MUJERES 195

Los caudillos mestizos e ilustrados (Heman Siles Suazo, Victor Paz !Estenssoro) ocupan el centro de !a escena, fmnando decretos, en :hombres de Ia multitud, dirigi6ndose a multitudinarias concentraciones con

de la victoria.

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196 SILVIA RIVERA CUSICANQUI

En estas fotografias se produce una suerte de dialogo entre las des mirando hacia arriba, en panoramicas picadas, y ellider de la ci6n, de temo y corbata, en primer plano, en un encuadre contrapicado traciones 18 y 19).

El centro del poder es ahora unipersonal, y el caudillo ata todos nificantes populares del hecho, entregandolos a una idea del pais moldeadli sabre el <<mito de Ia pertenencia a! mundo occidental>>. La foto exhibe

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labrada cruz cat6lica en primer plano, ante la cual Paz Estenssoro jura a la presidencia de Bolivia (ilustraci6n 20). Asi se produce el «amarre mico» entre !a revoluci6n popular y el Estado centralista, occidental y cris-tiano, que emergeria como resultado parad6jico de una insurrecci6n indige-na y popular (Rivera Cusicanqui 2003).

Las irmlgenes de concentraciones multitudinarias y masculinas se suce":"" den, mostrando eljubilo del pueblo y la uniformizaci6n de los sujetos parti: cipantes del hecho revolucionado (ilustraci6n 21).

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M:is adelante, sobresale la imagen de dos personajes indigenas, en una misma p:igina, el primero de rasgos y vestimenta andina, que eleva la manq derecha con !a V de la victoria, y el otro un selvitico, semidesnudo y ador-nado con plumas, que hace el mismo simbolo (ilustraci6n 22). El de ambos sujetos es convencional y no alude a ningful espacio geogn\fico en particular. El indio altiplanico esti de espaldas a una pared de piedra, al parecer urba.Ra, y el selvitico delante de una casa de adobe y calamina, con algo de vegetaci6n (que no parece precisamente del tr6pico ).

Las viudas vuelven a aparecer luego, cuando se instalan los homenajes oficiales al presidente m:irtir Gualberto VJ.llarroel y sus seguidores, junto a otro actor fundamental del proceso, el ejercito (ilustraci6n 23). Tarnbien unf que otra mujer aparece entre multitudes que festejan el primer 6 de agosM to despues de !a revoluci6n de abril (ilustraci6n 24).

Y la aproximaci6n sum.isa de mujeres del campo, agachadas, cargadas sus hijos, casi de rodillas para homenajear a1 caudillo, se vuelve a repetir; junto con la presencia de dirigentes indigenas an6nimos en las ceremonia.S oficiales del nuevo estado (ilustraciones 25 y 26). Las marchas y concentra; ciones rurales en las ciudades dejan ver una presencia mAs amplia de contin-:: . gentes femeninos entre los marchistas, quienes invariablemente estan bezados por una direcci6n masculina (ilustraci6n 27).

La presencia ornamental de los indios se deja ver tambien en los reuniones en las que se ve a Paz Estenssoro participando activamente, medio de elaborados lluch 'us y ponchos, y vestido tambien como ellos traci6n 28), como si la sola aproximaci6n fisica marcara un compr< ideol6gico (<ilil y ellos piensan lo mismo>>). Desde el punta de vista indig<;7, na, el travestismo de Paz Estenssoro alude tambi6n a las viejas t:icticas hegemonia cultural indigena empleadas por los rebeldes en las nes insurgentes de 1771 en Pacajes (Thomson2002: 157-160). indios son aqui subsumidos, de espaldas o en posiciones nadas frente ala imagen central del caudillo.

Del mismo modo, la presencia de mujeres cholas en las fiestas del cio de Gobiemo (ilustraci6n 29) revela una ciudadania de «invitadas>>,

CONSTRUCCI6N DE !MAGENES DE INDIOS Y MUJERES 199

v9cadas, a discreci6n de los poderosos, a-participar simb6licamente de. los de poder.

La dualidad entre la elite mestiza gobernante, de caracter ilustrado y Y la masa an6nim.a de indios y cholas subordinados y convoca-

, · ciudadania de segunda clase se refuerza en esta versiOn grifica de !fl rustona, que entroniza en el imaginario colectivo de Ia naci6n una versi6n

';c'pcCidental y culturahnente blanca de la identidad colectiva dominante. El inicial fue Ia subsunci6n de esta poblaci6n mayoritaria en una

'" · habitante de «mis6rrimas» aldeas rurales y suburbios urbanos. La de miseria trastroca a sujetos en objetos, resignadas y pasivas victiM

-·de un omnipotente poder externo, condenados por el destine a carecer hist6rica y politica (agency) propias.

limites de Ia hegemonia movimientista

:,". El potencial hegem6nico del Album de Ia Revoluci6n fue al parecer, lirni-imprimieron veinte mil ejemplares, a costa del Estado, y se los dis-en embajadas, bibliotecas, universidades y colegios pU.blicos, asi

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202 SILVIARIVERACUSICANQUI CONSTRUCCI6N DE IMAGENES DE INDIOS Y MUJERES 203

entre los miembros de Ia antigua y Ia nueva 61ite en el poder. La ima-de pais construida por los ide6logos del MNR se plasm6 tambien en las

peliculas y noticieros del recientemente fundado IBC (Instituto Boliviano Cinematografia), que se pasaban en todos los cines de las principales ciu-

La prensa nacionalista y los peri6dicos de oposici6n, todos en manes capas medias ilustradas, difundian tambien fotos de prensa que reforza-

esta imagen dominante. No obstante, la mayoria de.Ia poblaci6n no :':resultaba expuesta a estes merl.sajes, p9r la escasa difusi6n de la prensa y de

noticieros filmados. La iniciativa hist6rica y cultural (agency) de Ia ppblaci6n permaneci6 reclnida en el tejido colectivo de los grernios y sindi-

de base, en .el calendario de fiestas y ritos aut6ctonos que se realizaban campos y ciudades y en las propias puestas en escena de la multitud,

vez mas consciente del impacto gcifico perdurable de las imagenes de que la retrataban. Las floristas, por su parte, revelan que las mujeres conscientes de Ia doble moral de Ia elite y de los persistentes dualis-

que pervivieron en la sociedad boliviana posrevolucionaria. Asi, refi-a los bailes en el Palacio de Gobierno, una dirigente del sindicato

floristas relata:

Nostras rnismas hemos inventado para hacer mejor los ramos. Para qu€: decir, la Cata [se refiere a Catalina Mendoza, dirigente de la Federaci6n Obrera Feme-

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nina] ha inventado los ramos al trabajar. Ella tenia sus en el palacio, en la alcaldia, en todos los boteles atendiamos. En e1 palacio habia unas canastas especiales, ahi habia que ira arreglar con Ia Cata. Cuando ha entrada Paz Estens-soro, dos veces ha hecho fiesta en los carnavales: baile popular habia., baile de la alta aristocracia tambi6n (testimonio de Nueves Munguia, en Lehm & Rivera Cusicanqui 1988: 167).

La reconstituci6n de las divisiones de casta y la colocaci6n de todos los elementos del nuevo estado en funci6n de Ia reproducci6n de los privilegios de la casta criolla dominante es percibida asi como la otra cara de la hege-monia del proyecto nacionalista. Pero la resistencia cotidiana de la multitud, Ia irrupci6n de un imaginario y de una personalidad co!ectiva chola en las fiestas y mercados urbanos, tanto como en las movilizaciones sociales con-tempor:\neas, muestran los limites de Ia hegemonia que proponia el Album. No s6lo los grandes caudillos de la revoluci6n fueron derrotados en las urnas, tambien la memoria de su supremacia cedi6 ante la abigarrada insur-gencia popular de los aiios 1990. Cuando enjunio del aiio 2001 se produce el deceso de Victor Paz Estenssoro, dos dias antes de la fiesta del Gran Poder, Ia alcalclla decreta duelo en el departamento y prohibe Ia realizaci6n de Ia fiesta. Los bailarines y prestes, que ya habian invertido mucho dinero en preparar la comida y trajes para el evento, se resisten a la prohibici6n y danzan a lo largo de toda Ia entrada, desafiando a Ia Alcaldia y rebasando al cuerpo policial que intent6 detener a las comparsas. Asi, la muerte del cau-dillo se celebra o se conmemora con una ritualidad exuberante y chola que desafia los contenidos civilizadores que se habia impuesto desde el Estado, ·

Este es tan solo un ejemplo de las victorias simb6licas de Ia multitud abigarrada de gente cholo-indigena sobre Ia imagen dominante, occidental y masculina, que intent6 construir el Album de la Revoluci6n a traves de la fotografia y otras tecnicas de reproducci6n mednica que fueron usadas por, el Estado para afianzar esta iinagen hegem6nica despues de 1952.

Ellimitado y parad6jico potencial hegem6nico de esta imagen se revela tambien en Ia eclosi6n de practicas y simbolos indfgenas y populares en las movilizaciones que se dieron en el campo y las ciudades bolivianas (princi-palmente La Paz y El Alto) entre los aiios 2000 y 2003 (Mamani Ramirez 2004). La asamblea indfgena, los ponchos, whipalas y polleras, Ia organiza-ci6n colectiva y las redes de parentesco y vecindad marcaron las lineas de solidaridad e identificaci6n simb61ica de Ia poblaci6n en rebeli6n, haciendo estallar en pedazos el espejo homogeneo de Ia modernidad occidental, mas-culina y cristiana que habia intentado imponerse hegem6nicamente sobre el imaginario colectivo de la Naci6n. Asimismo, la prosa del miserabilismo se

CONSTRUCCI6N DE IMAGENES DE INDIOS Y MUJERES 207

Ilustraci6n 29

da Ia vue!ta mostrando Ia riqueza simb61ica y productiva de las y los oprimi-dos, con su exuberante exhibici6n de vestimentas, comidas comunitarias y armas de lucha indigenas. De esta manera las multitudes recuperan su con-dici6n de sujetos de la historia y dan por tierra con el destine de anonim.ato colectivo que el Estado y los poderosos anhelaban para elias.

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208 SILVIA RIVERA CUS!CANQUI

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THoMSON, Sinclair (2002): «We alone will role». Native Andean politics in the age of insurgency. Madison: The University of Wisconsin Press.

IMAGENES Y PALABRAS- POSIBILIDADES Y IlMITES DEL CINE Y EL AUDIOVISUAL. A PARTffi DE APARTE

MAIUo HANDLER Montevideo

'Mi pelicula Aparte1 provoc6 una pol6mica cultural nunca vista en Uru-. . guay. Por un !ado, Ia mayoria del publico, Ia critica y la politica aprob6 el

filme y su contenido; abundaron los prenrios y los apoyos; por otro !ado, hubo , fuertes resistencias a1 metodo, a la realidad mostrada y a las- consecuencias.

Mis hip6tesis de trabajo y metodos fueron:

I. Mostrar Ia marginaci6n cultural entre los j6venes. 2. Evitar la miseria fisica en lo posible, nq caer en elllamado

·usmo». 3. Evitar toda referencia directa ala politica nacional o intemacional, no

. introducir lugares comunes ni menos esl6ganes, no culpar al imperialismo · ni a la clase dominante, tratar de concentranne en los aspectos de la socie-:-dad uruguaya tal como es ella, no partidizar, no imponer presupuestos

:hiles mios. - 4. Visualizar y narrar Ia realidad tal como se presenta, aceptando que

,.c:ada punto de vista de la cim.ara tiene una inevitable ideologia; y que la ·.estructura fmal, implicitamente, iba a estar tefiida de mis ideas y de otras ideas im.perantes. Esto debia incluir aceptar todos los sonidos acompafian-,tes, el <<decorado>> existente (incluida Ia iluminaci6n existente), y dejar que

realidad ocurriera por si misma, sin provocarla. Y- no habria comentario · im.puesto, nadie declararia frente ala cim.ara, no habria entrevistas ni pre-. guntas mias. ·. , . 5. Trabajar muy lentamente y con pausas, pennitiendo que las personas

evolucionaran en su historia, lo cual implicaria largas horas, semanas y meses de simple espera y

1 Aparte (Uruguay 2002):"Pelicula documental filmada en Montevideo. Realizaci6n, . gui6n y fotografia: Mario Handler. Edici6n: Mario Handler y Daniel M<irquez. Intetpretes (de ·· opias vidas): Carina Panizza, Milka Schulze, Oscar W. Panizza (Neno), Cristian Cara-

Mary Cruz y Oscar Panizza, Pablo Caminos, .Angela Lamas y muchos mis.