J.K. Rowling - Harry

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J.K. ROWLING

Harry Potter

y el Cliz de fuego

Tras otro abominable verano con los Dursley, Harry se dispone a iniciar el cuarto curso en Hogwarts, la famosa escuela de magia y hechicera. A sus catorce aos, a Harry le gustara ser un joven mago como los dems y dedicarse a aprender nuevos sortilegios, encontrarse con sus amigos Ron y Hermione y asistir con ellos a los Mundiales de quidditch. Sin embargo, al llegar al colegio le espera una gran sorpresa que lo obligar a enfrentarse a los desafos ms temibles de toda su vida. Si logra superarlos, habr demostrado que ya no es un nio y que est preparado para vivir las nuevas y emocionantes experiencias que el futuro le depara.

Ttulo original: Harry Potter and the Goblet of Fire

Traduccin: Adolfo Muoz Garca y Nieves Martn Azofra

Copyright J.K. Rowling, 2000

Copyright Emec Editores, 2001

Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A.

Mallorca, 237 - 08008 Barcelona - Tel. 93 215 11 99

ISBN: 84-7888-645-1

Depsito legal: B-4.598-2001

1 edicin, marzo de 2001

Printed in Spain

Impresin: Romany-Valls, Pl. Verdaguer, 1

Cepellades, Barcelona

Para Peter Rowling,

en recuerdo del seor Ridley,

y para Susan Sladden,

que ayud a Harry a salir de su alacena

1

La Mansin de los Ryddle

Los aldeanos de Pequeo Hangleton seguan llamndola la Mansin de los Ryddle aunque haca ya muchos aos que los Ryddle no vivan en ella. Erigida sobre una colina que dominaba la aldea, tena cegadas con tablas algunas ventanas, al tejado le faltaban tejas y la hiedra se extenda a sus anchas por la fachada. En otro tiempo haba sido una mansin hermosa y, con diferencia, el edificio ms seorial y de mayor tamao en un radio de varios kilmetros, pero ahora estaba abandonada y ruinosa, y nadie viva en ella.

En Pequeo Hangleton todos coincidan en que la vieja mansin era siniestra. Medio siglo antes haba ocurrido en ella algo extrao y horrible, algo de lo que todava gustaban hablar los habitantes de la aldea cuando los temas de chismorreo se agotaban. Haban relatado tantas veces la historia y le haban aadido tantas cosas, que nadie estaba ya muy seguro de cul era la verdad. Todas las versiones, no obstante, comenzaban en el mismo punto: cincuenta aos antes, en el amanecer de una soleada maana de verano, cuando la Mansin de los Ryddle an conservaba su imponente apariencia, la criada haba entrado en la sala y haba hallado muertos a los tres Ryddle.

La mujer haba bajado corriendo y gritando por la colina hasta llegar a la aldea, despertando a todos los que haba podido.

Estn all echados con los ojos muy abiertos! Estn fros como el hielo! Y llevan todava la ropa de la cena!

Llamaron a la polica, y toda la aldea se convirti en un hervidero de curiosidad, de espanto y de emocin mal disimulada. Nadie hizo el menor esfuerzo en fingir que le apenaba la muerte de los Ryddle, porque nadie los quera. El seor y la seora Ryddle eran ricos, esnobs y groseros, aunque no tanto como Tom, su hijo ya crecido. Los aldeanos se preguntaban por la identidad del asesino, porque era evidente que tres personas que gozan, aparentemente, de buena salud no se mueren la misma noche de muerte natural.

El Ahorcado, que era como se llamaba la taberna de la aldea, hizo su agosto aquella noche, ya que todo el mundo acudi para comentar el triple asesinato. Para ello haban dejado el calor de sus hogares, pero se vieron recompensados con la llegada de la cocinera de los Ryddle, que entr en la taberna con un golpe de efecto y anunci a la concurrencia, repentinamente callada, que acababan de arrestar a un hombre llamado Frank Bryce.

Frank! gritaron algunos. No puede ser!

Frank Bryce era el jardinero de los Ryddle y viva solo en una humilde casita en la finca de sus amos. Haba regresado de la guerra con la pierna rgida y una clara aversin a las multitudes y a los ruidos fuertes. Desde entonces, haba trabajado para los Ryddle.

Varios de los presentes se apresuraron a pedir una bebida para la cocinera, y todos se dispusieron a or los detalles.

Siempre pens que era un tipo raro explic la mujer a los lugareos, que la escuchaban expectantes, despus de apurar la cuarta copa de jerez. Era muy hurao. Debo de haberlo invitado cien veces a una copa, pero no le gustaba el trato con la gente, no seor.

Bueno dijo una aldeana que estaba junto a la barra, el pobre Frank lo pas mal en la guerra, y le gusta la tranquilidad. se no es motivo para...

Y quin aparte de l tena la llave de la puerta de atrs? la interrumpi la cocinera levantando la voz. Siempre ha habido un duplicado de la llave colgado en la casita del jardinero, que yo recuerde! Y anoche nadie forz la puerta! No hay ninguna ventana rota! Frank no tuvo ms que subir hasta la mansin mientras todos dormamos...

Los aldeanos intercambiaron miradas sombras.

Siempre pens que haba algo desagradable en l, desde luego dijo, gruendo, un hombre sentado a la barra.

La guerra lo convirti en un tipo raro, si os interesa mi opinin aadi el dueo de la taberna.

Te dije que no me gustara tener a Frank de enemigo. A que te lo dije, Dot? apunt, nerviosa, una mujer desde el rincn.

Horroroso carcter corrobor Dot, moviendo con bro la cabeza de arriba abajo. Recuerdo que cuando era nio...

A la maana siguiente, en Pequeo Hangleton, a nadie le caba ninguna duda de que Frank Bryce haba matado a los Ryddle.

Pero en la vecina ciudad de Gran Hangleton, en la oscura y srdida comisara, Frank repeta tercamente, una y otra vez, que era inocente y que la nica persona a la que haba visto cerca de la mansin el da de la muerte de los Ryddle haba sido un adolescente, un forastero de piel clara y pelo oscuro. Nadie ms en la aldea haba visto a semejante muchacho, y la polica tena la conviccin de que eran invenciones de Frank.

Entonces, cuando las cosas se estaban poniendo peor para l, lleg el informe forense y todo cambi.

La polica no haba ledo nunca un informe tan extrao. Un equipo de mdicos haba examinado los cuerpos y llegado a la conclusin de que ninguno de los Ryddle haba sido envenenado, ahogado, estrangulado, apualado ni herido con arma de fuego y, por lo que ellos podan ver, ni siquiera haba sufrido dao alguno. De hecho, prosegua el informe con manifiesta perplejidad, los tres Ryddle parecan hallarse en perfecto estado de salud, pasando por alto el hecho de que estaban muertos. Decididos a encontrar en los cadveres alguna anormalidad, los mdicos notaron que los Ryddle tenan una expresin de terror en la cara; pero, como dijeron los frustrados policas, quin haba odo nunca que se pudiera aterrorizar a tres personas hasta matarlas?

Como no haba la ms leve prueba de que los Ryddle hubieran sido asesinados, la polica no tuvo ms remedio que dejar libre a Frank. Se enterr a los Ryddle en el cementerio de Pequeo Hangleton, y durante una temporada sus tumbas siguieron siendo objeto de curiosidad. Para sorpresa de todos y en medio de un ambiente de desconfianza, Frank Bryce volvi a su casita en la mansin.

Para m l fue el que los mat, y me da igual lo que diga la polica sentenci Dot en El Ahorcado. Y, sabiendo que sabemos que fue l, si tuviera un poco de vergenza se ira de aqu.

Pero Frank no se fue. Se qued cuidando el jardn para la familia que habit a continuacin en la Mansin de los Ryddle, y luego para los siguientes inquilinos, porque nadie permaneci mucho tiempo all. Quiz era en parte a causa de Frank por lo que cada nuevo propietario asegur que se perciba algo horrendo en aquel lugar, el cual, al quedar deshabitado, fue cayendo en el abandono.

El potentado que en aquellos das posea la Mansin de los Ryddle no viva en ella ni le daba uso alguno; en el pueblo se comentaba que la haba adquirido por motivos fiscales, aunque nadie saba muy bien cules podan ser esos motivos. Sin embargo, el potentado continu pagando a Frank para que se encargara del jardn. A punto de cumplir los setenta y siete aos, Frank estaba bastante sordo y su pierna rgida se haba vuelto ms rgida que nunca, pero todava, cuando haca buen tiempo, se lo vea entre los macizos de flores haciendo un poco de esto y un poco de aquello, si bien la mala hierba le iba ganando la partida.

Pero la mala hierba no era lo nico contra lo que tena que bregar Frank. Los nios de la aldea haban tomado la costumbre de tirar piedras a las ventanas de la Mansin de los Ryddle, y pasaban con las bicicletas por encima del csped que con tanto esfuerzo Frank mantena en buen estado. En una o dos ocasiones haban entrado en la casa a raz de una apuesta. Saban que el viejo jardinero profesaba veneracin a la casa y a la finca, y les diverta verlo por el jardn cojeando, blandiendo su cayado y gritndoles con su ronca voz. Frank, por su parte, pensaba que los nios queran castigarlo porque, como sus padres y abuelos, crean que era un asesino. As que cuando se despert una noche de agosto y vio algo raro arriba en la vieja casa, dio por supuesto que los nios haban ido un poco ms lejos que otras veces en su intento de mortificarlo.

Lo que lo haba despertado era su pierna mala, que en su vejez le dola ms que nunca. Se levant y baj cojeando por la escalera hasta la cocina, con la idea de rellenar la botella de agua caliente para aliviar la rigidez de la rodilla. De pie ante la pila, mientras llenaba de agua la tetera, levant la vista hacia la Mansin de los Ryddle y vio luz en las ventanas superiores. Frank entendi de inmediato lo que suceda: los nios haban vuelto a entrar en la Mansin de los Ryddle y, a juzgar por el titileo de la luz, haban encendido fuego.

Frank no tena telfono y, de todas maneras, desconfiaba de la polica desde que se lo haban llevado para interrogarlo por la muerte de los Ryddle. As que dej la tetera y volvi a